Diario de Sevilla Mantenemos la cita diaria en los quioscos como actividad esencial decretada por el Gobierno en la crisis del coronavirus

Invierno en Castilla | Crítica Imagismo en la península

  • Renacimiento publica la primera traducción castellana del único poemario de John Dos Passos, en buena parte inspirado por las estancias españolas del autor en la segunda década del siglo

John Dos Passos (Chicago, 1896-Baltimore, 1970). John Dos Passos (Chicago, 1896-Baltimore, 1970).

John Dos Passos (Chicago, 1896-Baltimore, 1970).

La estrecha relación de John Dos Passos con España es inseparable del doloroso episodio que marcó su distanciamiento de la izquierda de filiación soviética y de Hemingway, abordado por Ignacio Martínez de Pisón en una excelente quest, Enterrar a los muertos, donde el narrador zaragozano reconstruía unos hechos que fueron silenciados en su momento y supusieron una verdadera conmoción para el escritor estadounidense. A finales de 1936, su gran amigo español José Robles Pazos, profesor en Baltimore y traductor de Manhattan Transfer al castellano, que tras el estallido de la Guerra Civil había pedido una excedencia para ponerse a disposición de la República, fue detenido en Valencia por agentes comunistas y entregado por estos al servicio secreto de la URSS, que lo ejecutó sin dejar rastro. La desaparición de Robles, al que para mayor escarnio sus verdugos calumniaron después de muerto con la acostumbrada e inverosímil acusación de espía fascista, indignó a Dos Passos cuando meses después llegó a la península para colaborar con Hemingway –ni él ni nadie lo apoyarían en su demanda de explicaciones– en el guión del famoso documental Tierra española (1937). Fue el desgraciado final de una íntima amistad que había comenzado casi veinte años atrás, cuando Dos Passos conoció a Robles en un "vagón de tercera" que volvía a Madrid procedente de Toledo.

John Dos Passos y Ernest Hemingway. John Dos Passos y Ernest Hemingway.

John Dos Passos y Ernest Hemingway.

Recién graduado en Harvard, el futuro novelista visitó por primera vez España en el otoño de 1916, inaugurando una serie de estancias que lo llevarían a conocer buena parte del país cuya cultura y forma de vida, a su modo de ver opuesta al materialismo del mundo industrializado, admiraba profundamente. Cautivado por el "espíritu ibérico" –como refleja su apellido, el autor tenía ascendencia portuguesa por parte de padre–, leyó y estudió a los clásicos y a los contemporáneos del 98, pero fue Cervantes y sobre todo el Quijote su principal fuente de inspiración a la hora de interpretar el carácter y hasta los paisajes de una tierra que, como ya observara Azaña, no había cambiado tanto desde los días en que el hidalgo trasegaba los caminos de la Mancha. Fruto de esa primera visita y de una segunda en 1919, en la que conoció a Robles, fueron las notas de viaje recogidas en su libro Rocinante vuelve al camino (1922), cuya traductora al español fue precisamente la mujer de su amigo, Márgara Villegas. Del mismo año es el único libro de poemas de Dos Passos, A Pushcart at the Curb ('Un carro en el bordillo'), que estaba inédito entre nosotros y acaba de ser publicado por Renacimiento en una pulcra edición bilingüe al cuidado de Eulalia Piñero, con el título, Invierno en Castilla, de la primera de las secciones. No es un cambio caprichoso, pues tanto esa parte como las restantes evocan el territorio de la meseta y muchos otros lugares de la geografía española.

La gente humilde impresiona a Dos Passos por su autenticidad y su dignidad como de otro tiempo

A Dos Passos, como señala la traductora, le interesaba no sólo la cultura, su antigüedad y la diversidad de sus manifestaciones regionales, sino también las personas y en particular las vivencias de las clases populares, hacia las que sentía una solidaridad natural. Su hispanofilia era por lo tanto más que libresca, fortalecida por la impresión de haber encontrado una especie de Arcadia incontaminada y por lo demás ajena a la destrucción de la Gran Guerra –reflejada también en los poemas, desde su conocida perspectiva antibelicista– que vio de primera mano en el infierno de Verdún. Madrid, la sierra de Guadarrama y los pueblos de la Mancha, pero también el Levante y la costa mediterránea, Extremadura y Andalucía, son los escenarios españoles de un libro de muy variados tonos –urbanos, paisajísticos, eróticos, culturalistas– que contiene además experiencias de sus viajes de estos años por tierras de Portugal, Italia, Francia y el Oriente. Las influencias de un poeta, explica Piñero, muy volcado en lo sensorial, provienen tanto del modernismo anglosajón en su vertiente imagista, como, en los poemas castellanos, de algunos autores españoles y en particular de Antonio Machado, a quien Dos Passos conoció y tradujo, o incluso de narradores como el Baroja de La lucha por la vida, con su constelación de personajes marginados y menesterosos. No exentos de rasgos esteticistas, los versos más conmovedores de Dos Passos surgen cuando su mirada, compasiva al modo cervantino y comprometida en el sentido no manchado de la palabra, se dirige a la gente humilde que le impresiona por su autenticidad y su dignidad como de otro tiempo.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios