Palmagallarda, III. Recuerda | Crítica Después del vendaval

  • Ignacio Romero de Solís publica la última entrega de la trilogía 'Palmagallarda', culminación de un ciclo ineludible que señala una cumbre de la narrativa vinculada a la materia de Andalucía

Ignacio Romero de Solís (Sevilla, 1937).

Ignacio Romero de Solís (Sevilla, 1937). / María Medina

Seis años después de la aparición de Rosas, calas y magnolias, deslumbrante primera entrega del ciclo Palmagallarda, Ignacio Romero de Solís ha culminado la serie que prosiguió en La Vapora y alcanza ahora en Recuerda, nombre del ficticio pueblo sevillano al que se vincula la familia protagonista, un final acorde a su ambición panorámica. Las brutales consecuencias de la Guerra Civil, que se ha cobrado un alto coste en vidas y ruina económica, dejan paso a una decadencia que muestra el ocaso de la nobleza terrateniente bajoandaluza, desplazada en un mundo, el de la burguesía que prospera al amparo de los vencedores, donde ya no rigen los códigos del linaje ni las refinadas maneras de la aristocracia cosmopolita, a la vez muy ligada a la vieja cultura agraria. En el preciso retrato de esa clase, pero también de los tipos humanos que la servían o rodeaban, reside uno de los aciertos mayores de la trilogía con la que Romero de Solís, combinando su conocimiento desde dentro y la familiaridad con la tradición de las grandes sagas narrativas, ha dejado un testimonio impagable de aquel universo desaparecido.

Todo en el tercer volumen transmite melancolía, sensación de acabamiento

Todo en el tercer volumen transmite melancolía, sensación de acabamiento. Traumatizado por el conflicto, el brillante Jerónimo, joven conde de Palmagallarda, desatiende sus obligaciones y se entrega a la disipación, encaprichado de una hermosa gitanilla –La Parpuja, a la que vemos en el poderoso retrato de Gustavo Bacarisas que ilustra la cubierta– que no evita que ande como "sonado", tanto más perdido cuando desaparece la acaso única mujer de su vida. Sus dos hermanos siguen en Inglaterra, de donde apenas llegan noticias, de modo que la abuela devenida en matriarca –la marquesa viuda de Monsalves de Tous, uno de los personajes más atractivos de la trilogía– se duele por el egoísmo y la indolencia de su nieto a la vez que teme por la continuidad de la estirpe. Y al tiempo que mengua el prestigio de la casa, se apaga la vida de uno de sus amigos más cercanos, el arqueólogo Gordon, figura inspirada en Jorge Bonsor que como el modelo real habita en un castillo rehabilitado, repleto de antigüedades. O muere el "santo" arcipreste de Recuerda, clérigo honesto, escandalizado por la hipocresía de las autoridades eclesiásticas, que no puede evitar que estas le rindan póstumo homenaje.

Romero de Solís refleja el pragmatismo y la inmoralidad de las nuevas fuerzas vivas

Si de la mano de La Parpuja algo se nos dice de la "gente del bronce", tampoco se oculta, aunque no ocupe el primer plano, la pobreza extrema de unas clases populares castigadas por la hambruna, la tuberculosis o el piojo verde. El bien ganado ascenso del doctor Valverde, hombre íntegro de impecable profesionalidad y nobles inclinaciones humanitarias, preocupado por la miseria y la insalubridad de los corrales, se opone a los turbios manejos de los contertulios de El Rinconcillo, amigos y socios de Jerónimo –en la finca y almazara de La Vapora, de la que tomaba su título la entrega anterior– que aprovechan las restricciones del racionamiento para lucrarse con el mercado negro: viejos conocidos como el falangista Cala, antiguo mozo de comedor de los Monsalves; el comisario Méndez, elevado a gobernador civil; el sinuoso e intrigante anticuario Paneque o el rehabilitado doctor Mariani. A través de ellos, que no son personajes planos sino complejos, perfectamente caracterizados, ejemplifica Romero de Solís la mezcla de pragmatismo, codicia e inmoralidad de las nuevas fuerzas vivas.

Las tragedias íntimas tal vez deriven, como se sugiere, de la incapacidad de amar

Pautando el tiempo de la narración, el curso de la Segunda Guerra Mundial se manifiesta a través de diálogos en los que interlocutores de parecidas o diferentes afinidades comentan sus evoluciones, cada vez más desfavorables para Alemania. La campaña de Rusia, en particular la participación de los aviadores españoles de la llamada Escuadrilla Azul, desempeña un papel relevante en la trama, por la que de nuevo asoman personajes históricos como el periodista Víctor de la Serna, Serrano Suñer y su círculo germanófilo o el cineasta Orson Welles –a quien se debe, como ha contado Romero de Solís, la idea seminal del ciclo– y su entonces mujer Rita Hayworth, de visita en España. "El vendaval de la guerra destruyó y derribó vidas y haciendas, pero también fomentó la aparición, al principio lenta y contradictoria, de nuevos valores y asimismo de personas", constata el doctor Valverde. Entre los damnificados, pese a su elevada posición, se cuentan los Palmagallarda, heridos también por tragedias íntimas que tal vez deriven, como sugieren sus propios amigos, de la incapacidad de amar. Aunque el linaje no se pierde, queda claro que los herederos, después del vendaval, vivirán una realidad muy distinta.

Fragmento del cuadro 'Belleza andaluza' de Gustavo Bacarisas. Fragmento del cuadro 'Belleza andaluza' de Gustavo Bacarisas.

Fragmento del cuadro 'Belleza andaluza' de Gustavo Bacarisas.

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