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El valor de las listas

  • Víctor García de Gomar reúne en un libro las preferencias discográficas de cerca de un millar de músicos y personalidades del mundo artístico.

Una de las páginas del libro, con dibujo de García Cros. Una de las páginas del libro, con dibujo de García Cros.

Una de las páginas del libro, con dibujo de García Cros.

Poco antes de su fallecimiento, preguntaron a Carlo Maria Giulini qué música solía escuchar en la intimidad de su casa. El gran director italiano respondió que ya no escuchaba ninguna música, la leía. Aunque puedan argüirse casos similares al de Giulini, no es la norma. Los músicos también escuchan música. ¿Pero cuál? Víctor García de Gomar, que entre otras cosas es director artístico adjunto del Palau de la Música Catalana, decidió preguntarlo. Las respuestas dan forma a este libro.

Es este un volumen singular, pues está confeccionado casi exclusivamente con listas. García de Gomar escogió a una cantidad asombrosa de músicos, de los cuales respondieron a su requerimiento más de 700, y a una cantidad algo más modesta, pero también significativa, de otros artistas (sobre todo, plásticos) y les lanzó la pelota: sus cuatro discos preferidos. Sin justificaciones. Sin explicaciones. Sin relato. Una simple lista. De los que respondieron, cada cual lo hizo como quiso, y eso da incluso más valor a la recopilación que ha dado origen a esta especie de prontuario sobre el gusto musical de los propios profesionales de la música.

La mayoría escogió más de cuatro grabaciones (aunque algunos se quedaron con sólo dos o tres), algunos desdeñaron el sonido grabado y prefirieron hacer referencia a las propias obras idolatradas, otros optaron por citas genéricas e incluso hubo quien mandó unas breves líneas explicativas de su renuncia (impagables las de Luis de Pablo). Todo ello se presenta aquí tal cual. Pero el autor fue algo más allá y se preocupó por rastrear a muchos músicos (y artistas) que ya no podían responderle, porque están muertos, pero convivieron con la explosión del sonido grabado. Preguntando a familiares o estrechos colaboradores y repasando biografías, artículos y entrevistas, García de Gomar aporta también aproximaciones a las respuestas que quizás le habrían mandado grandes personalidades de la música (y el arte) del siglo XX, de Celibidache a Schwarzkopf o Britten, de Poulenc a Bruno Walter o Casals, de Frida Kahlo a Jackson Pollock o Piet Mondrian.

El producto de toda esta labor minuciosa y paciente ha quedado recogido en un tomo voluminoso pero manejable, atractivo a la vista y al tacto, muy bien editado por Huygens, que completa y adorna las innumerables páginas de listas con unas deliciosas ilustraciones de Martín García Cros y con cuatro breves prólogos que han escrito para la obra Alex Ross, Alessandro Baricco, Ramón Andrés y John Rutter, quienes encuadran el sentido de este trabajo desde perspectivas diferentes y complementarias.

El discófilo encuentra aquí motivos de sobra para perderse en la selva maravillosa de la fonografía, donde poder descubrir tesoros aún ocultos, el polemista para enzarzarse en sus diatribas preferidas (y las hay de muy diversa naturaleza y condición), el curioso para hallar quizás razones para una afición nueva, el estudioso para contrastar gustos estéticos y generacionales.

A los fanáticos de las estadísticas no los dejaré con la duda: el podio de los discos preferidos lo ocupan Glenn Gould y sus Variaciones Goldberg de Bach (no se explicita si la grabación del 55 o la del 81; a ese detalle no llegaron la mayoría de las respuestas), Casals y las, también bachianas, Suites para cello y el Tristán e Isolda de Furtwängler. Los directores más elegidos son Karajan, Bernstein y Abbado; los pianistas, Gould, Richter y Horowitz; los instrumentistas de cuerda, Casals, Rostropovich y Stern; los cantantes, Fischer-Dieskau, Callas y Schwarzkopf. En efecto, amigo melómano: no hay sorpresas.

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