Sueños esféricos
Juan Antonio Solís
Sí a todas las proposiciones indecentes
Por aquello de ser la primera jornada de la segunda vuelta y tener delante un rival asequible había expectación. Había buenas vibraciones de que el Cajasol sacaría adelante una final, otra final, la primera final de la segunda ronda del curso. Ni por ésas. La anarquía, que rima con Axarquía -donde juega el Clínicas Rincón, filial de Unicaja, en la LEB Oro, el sitio natural donde acabará el Caja-, de los sevillanos fue destrozada por la unión de un equipo, de un grupo que hace baloncesto y que sin estar compuesto por estrellas manejó un partido que voló de San Pablo. Ya van 15 derrotas. Se ha fichado a un base que debutará en Málaga se barrunta la entrada de un interior yanqui. Todo para salvar el desbarajuste mayor que se ha visto por estos lares.
Pedro Martínez hablaba con propiedad en la víspera del partido: "Es fácil ser de equipos como el Tau y tiene más mérito ser aficionado del Caja". Amén. Suscribe cualquiera las palabras del entrenador. Sufre quien menos gana o quien pierde casi siempre, cierto. Pero hay más. El sufrimiento y el pesar dan lugar al pasotismo y a la desgana si el equipo no responde a unos mínimos, como es vencer a los menores en su pista.
Los encuentros del Cajasol se han convertido esta temporada en una broma pesada, en un desconcierto sumo en muchas fases del choque, en un uno contra cinco, en un monólogo de algún jugador del contrario… Ayer, y todo sea dicho con el cariño y el respeto que merece una institución del baloncesto como es el Manresa, el conjunto de Ponsarnau pidió prestados dos calzones (San Miguel y Jordi Grimau) al club hispalense. Tiene que estar pasándolo mal, muy mal en el plano económico, pero salen a la pista los jugadores que defienden sus colores y se transforman en guerreros.
No es que Larry Lewis tuviera su mejor partido del curso por casualidad aquí o que San Miguel, ayer, se convirtiera en un excelso especialista en triples. El problema es el Cajasol, que anda muerto.
Al desquiciamiento todo ayuda. Desde tener un base yanqui y que no da el do de pecho en el banquillo a la tan denostada planificación o a las decisiones del banquillo, como hacer jugar los últimos segundos de ambos cuartos al director canterano, que el pobre se enfrascó en un lío en el primer periodo en ataque y dejó solo a Javi Rodríguez antes del intermedio.
Fue ahí, en el segundo, cuando atravesó su particular calvario, su pan nuestro de cada día, el equipo de Pedro Martínez. Un 12-22 de parcial rompió el equilibrio existente hasta entonces. Jordi Grimau, aquel ejecutor del primer triunfo manresano y la derrota inicial del curso de los sevillanos, se erigió en figura para desarbolar a Pecile y al Caja en el segundo acto. Luego, turno de San Miguel, quien con tres triples se marchó al vestuario como máximo anotador, junto a su secundario compañero Grimau y su secundario oponente Rivero. ¿No extraña que los primeras espadas estén desaparecidos, missing, perdidos…? El 29-38, con 20 minutos por delante, hacía presagiar lo peor.
Ocurrió, es decir, hubo derrota, batacazo para no variar, pero la grada estalló y, en principio, no era contra la directiva ni contra el equipo anárquico, sino disparó sus gargantas en pos de animar y sacar del bache profundo que sumergirá al Caja a las profundas aguas de la LEB Oro.
Asselin (un pívot como la copa de un pino, señores mandamases) y un triple de Bulfoni impedían el despertar cajista. Pero llegó. De la mano de un Pecile que no dirige, se obceca en penetrar como solución que a veces sirve y que levantó la moral de sus compañeros, el Cajasol creyó. Fue el único momento importante del duelo en que los chicos de Ponsarnau perdieron algo el norte.
Con el pabellón entero chillando al Manresa y apoyando a los propios, la escuadra de Pedro Martínez se levantó en armas, superó a su oponente (46-45), gracias al italiano, a Rivero y a la zona dispuesta en la defensa.
Sin embargo, cuando la desconfianza es plena, ni con el viento a favor se sale del atolladero. No mató al Manresa y lo mató el Manresa. Bueno, el equipo catalán, una piña, con los secundarios, más las asistencias de Javi Rodríguez y la presencia de Asselin, haciendo daño, mucho daño. Jordi Grimau siguió su festival. Increíble. Sus triples minaron la moral local, aunque lo intentara hasta el final. Ignerski, con un nivel muy inferior al de los tiempos de Comas, anotó dos triples y falló el tercero, que habría dado el empate a 65. Grimau hundió al Caja allí y aquí. Perdón, el Caja se ha hundido solo.
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