Irritación en Sudáfrica: ¿Seguridad o Estado policial?
Las altas penas a las que están siendo condenados algunos sudafricanos por delitos menores han despertado la indignación en la población.
Tres años de prisión para un nigeriano por posesión ilegal de entradas para el Mundial. Dos años de prisión para un joven de 22 años por robar una manta y algunas botellas de cerveza. Un ladrón pasará cinco años tras las rejas por robar el teléfono móvil de un turista.
Son sólo tres ejemplos de las más de 50 durísimas sentencias dictadas hasta ahora por los 56 tribunales especiales creados por Sudáfrica para juzgar casos relacionados con el Mundial de fútbol.
Los sudafricanos están indignados. Por una parte, la delincuencia y la violencia parecen efectivamente haber mermado. Con satisfacción comprueban que los crímenes no opacan los titulares de la prensa que informan sobre el espectáculo mundialista. Pero también crecen las críticas contra los "métodos de Estado policial" y las "desmedidas" sentencias judiciales. "Es como vivir en un Estado policial represivo", opinó en una entrevista el periodista estrella de Sudáfrica Niren Tolsi.
El crítico más prominente de estos rigurosos métodos es el ministro holandés del Exterior, Maxime Verhagen, quien se mostró indignado por la espectacular detención de unas jóvenes mujeres que promocionaban una marca de cerveza holandesa con cortísimas faldas y que habían violado las estrictas pautas publicitarias de la FIFA. La marca en cuestión no es auspiciante oficial del Mundial.
La crítica del ministro holandés, de tono inusualmente duro para el mundo diplomático, afirmó que la acción de las fuerzas de seguridad sudafricanas fue "totalmente desproporcionada". El gobierno en Pretoria se hizo eco de la llamada de atención, y el caso fue rápida y discretamente archivado.
Las autoridades sudafricanas se han convertido en "la policía de la FIFA", afirma un diplomático occidental meneando la cabeza. El ejemplo más claro es la sanción de hasta cinco años de cárcel para el comercio ilegal de entradas para los partidos del Mundial, apuntó.
El portavoz de la policía sudafricana, Vishnu Naidoo, ve en todo esto "pruebas de la eficiencia" de las fuerzas de seguridad. "La mejor disuasión es un sistema efectivo de sanciones", elogió también el criminólogo Johan Berger, del Instituto de Estudios de Seguridad en Pretoria. Pero no todos los especialistas comparten esta opinión.
La experta en seguridad Barbara Holtmann, del instituto CSIR, criticó las draconianas sentencias de los tribunales especiales como desproporcionadas. "Tenemos cada año 400.000 robos. ¿Qué pasaría si en todos se aplicaran condenas tan duras?", se preguntó en una entrevista de la revista "Weekend Argus". Las prisiones sudafricanas ya están colapsadas, y no existe evidencia de que la severidad de las penas tenga un efecto disuasorio en los delincuentes.
También Stephen Tuson, de la Universidad Witwatersrand de Johannesburgo, duda de los beneficios de una Justicia impiadosa. Y asegura que los procesos rápidos sólo son posibles recurriendo a enormes gastos. En tiempos de normalidad, la Justicia sudafricana está sumergida bajo el peso de incontables casos sin atender. Para los tribunales especiales del Mundial fueron puestos a disposición 110 jueces, 260 fiscales, unos 200 traductores y casi 1.500 auxiliares.
"Esto es un sueño, siempre deberíamos estar equipados de esta forma", afirmó una jueza en Ciudad del Cabo. Sin embargo, su trabajo mundialista es bastante aburrido, pues los tribunales especiales no tienen mucho que hacer. El semanario "Mail&Guardian" estima que cada caso tratado por estos tribunales ha costado a los contribuyentes una media de 1,75 millones de rand (190.000 euros/235.000 dólares).
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