Liga Europa: oporto - sevilla · la previa

El cosquilleo, esa bendita sensación

  • El sevillismo se olvida de todo lo demás y recupera ante el gigante luso la experiencia de soñar con llegar lejos en el cuadro de honor de la Liga Europa.

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Lo de hoy es consecuencia de una de esas noches que posiblemente tardará en olvidar el sevillista de a pie, si es que lo hace, cosa harto complicada. Podrá amortiguarse su recuerdo en el tiempo, pero, aunque sea ya pasado, supone una marca en la historia, tanto de los derbis como de la participación de este club en competiciones europeas.

Lógicamente, el Sevilla de Emery tiene en su mano darle valor de verdad a esa remontada épica en el campo del Betis, como el de Juande convirtió en mucho más que una anécdota aquel cabezazo de Palop en Donetsk que desató la locura de media Sevilla en unos octavos de la entonces Copa de la UEFA, un peldaño más abajo del que se dispone a disputar el grupo que encabeza Rakitic, emulando a aquel de Kanoute, Luis Fabiano, Palop o Daniel que tantísima historia escribieron hace no tanto tiempo.

La oportunidad de esta noche en Do Dragao es como para olvidarlo todo. Como para ignorar que el proyecto es a tres años, como si en Balaídos no hubiera ocurrido nada el pasado fin de semana y estuvieran aún vigentes los tres puntos ante el Real Madrid y el récord de seis victorias consecutivas en la Liga. Una cita para la que hace falta el empuje de todos y para la que no hay que olvidar a nadie, empezando por el ex presidente que tanto vibró en noches de este calibre y que se encuentra pasando por el peor trance de su vida. La figura de Del Nido, por lo que hizo y por la pasión que contagió por Europa en esta afición, aun sin que nadie lo nombrara, estaba ayer presente en el masivo desplazamiento del sevillismo a Oporto. Es parte de la historia.

Están en juego unas semifinales y esto se pone serio. La competición que más gloria dio a la sociedad en los últimos años y posiblemente en su siglo y pico de vida toma ya un cariz que eriza los vellos a cualquiera. Se ha citado Donetsk y ya se entra en una dinámica en la que en los corrillos de sevillistas, como ayer en las colas de los mostradores 41 a 48 del aeropuerto de San Pablo, se hablaba de Gelsenkirchen o de White Harte Lane, por no querer mencionar Eindhoven o Glasgow, ciudades tabú por aquello de la natural superstición del sevillano tipo, muchísimo más del amante del fútbol.

Hubo una época en que el aficionado se acostumbró a dejarse los cuartos visitando bellas ciudades europeas con el club de sus amores, un gustillo que el sevillismo, movilizado hasta donde la UEFA obliga al club local a ceder localidades, recupera gracias a los de Emery y, quizá también, un poco al trabajo de su entrenador, un hombre con la extraña habilidad en el fútbol de no dejar indiferente a nadie. El caso es que tiene otra vez el de Fuenterrabía la ocasión de meterse a todo el personal en el bolsillo después de un mes de marzo que puede catalogarse de excelso. En la desembocadura del Duero llega el primer choque de espadas entre dos históricos que no olvidan la eliminatoria de 2011, una cita en la que ni el gol de Luis Fabiano en este estadio ni el triunfo de los de Manzano valieron para seguir alimentando un sueño que ahora mismo está intacto para los blancos. El Oporto no es el mismo de entonces y en toda Portugal no paran de extrañarse del mal momento de los siempre temibles dragoes, que pasan por su peor crisis deportiva en casi una década. No obstante, el Oporto es un gigante y como tal hay que respetarlo. Su hábitat natural es la Champions y precisamente la calamidad de liga que está firmando lo hace más fiero en un asalto como éste.

El Sevilla debe jugar con inteligencia, sin ansiedad y ofrecer la cara de la vuelta ante el Betis. Saber que detrás de este partido hay otro, que los minutos van corriendo de uno en uno y que son noventa los que hay que jugar en Portugal y ciento ochenta los que suma el enfrentamiento completo. No hay por qué atorarse, no hay que perder el control ni la calma y confiar en la calidad de unos jugadores que han demostrado que están hechos para empresas como éstas. Si no, ¿cómo han sido capaces de frenar al Real Madrid de Cristiano Ronaldo, Benzema, Modric, Bale y Pepe?

Estarán todos, o casi todos, los que el sevillismo espera. Rakitic, Bacca, Reyes, Marko Marin, Alberto Moreno... sólo faltará Fazio por sanción junto a M'Bia y Emery trae embalado entre espumillones el tobillo de Carriço.

La historia está al doblar una esquina, que bien puede ser ésta o quizá no, pero la ocasión merece cualquier sacrificio, como, por poner un ejemplo, esos puntos que se fueron al limbo en Vigo por arrugarse -quién sabe si instintiva y humanamente- pensando en lo que quedaba hoy. Y ahora es cuando nadie se puede guardar una carrera. Partidos como éste se presentan para dejarse la piel cueste lo que cueste. Es el cuadro de honor de la UEFA Europa League, que así fue bautizada, y cada cual ya sabe su papel. Una noche en la que las gargantas que gritarán Sevilla, cerca de 1.600, no se van a dejar ni un hilo de voz dentro. Vinho hay para reponerlas...

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