No te escapas ni con alas, Rubiales

Desde mi córner

Como a Capone, lo han cogido por el delito de menos gravedad en su larga carrera delictiva

LLEGÓ al cargo regateando, que en casos normales no es más que un recurso en forma de gerundio, pero que en el caso que nos ocupa es nada menos que una filosofía de vida, el modus vivendi que Luis Manuel Rubiales Béjar, natural de Las Palmas, motrileño de adopción y vecino de Madrid mediante los tres mil euros que recibe de la Española para alquiler domiciliario ha elegido para la supersónica ascensión de su carrera.

De tuercebotas a líder de un Levante en bancarrota pasó a presidir el sindicato de futbolistas (AFE) tras regate memorable y ventajista a Gerardo González Movilla, el presidente que parecía serlo a perpetuidad. A codazo limpio aprovechó el bajón experimentado de otro que parecía presidente a perpetuidad, Ángel María Villar, para ir al asalto del primer sillón del fútbol, la presidencia de la Real Federación Española de Fútbol, y ya a partir de ahí, ancha es Castilla.

La polémica le ha acompañado desde que en 2018 accedió al cargo, pero los iniciados en el asunto siempre se asombraban que amaneciese un nuevo día y Rubiales siguiera en el machito. Y lo que son las cosas, pues si a Capone lo cogieron en un renuncio fiscal tras delinquir con mucha sangre derramada, a Rubiales lo han cogido por el acto menos incorrecto de cuantos ha ido cometiendo regate tras regate, por un acto pleno de mal gusto y de un macarrismo sin límites.

Hoy se reúne el fútbol para ver qué se hace con él, pero aunque está sentenciado, el vasallaje que él ha ido alimentando en el último lustro puede que sea el tañido de campana salvador. Sería sólo por el momento, pues la cabeza de Rubiales no sólo huele a pólvora, sino que alberga un enorme polvorín con fecha de deflagración. Es un hortera de cuidado, nadie se explicaba cómo había llegado a esa cumbre y aunque hoy lo salve el fútbol, la suerte está echada.

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