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Economía

Más exportadores, pero deficitarios

  • El comercio andaluz creció notablemente en su proyección exterior en la última década, pero no es suficiente.

SIGUIENDO la estela de Adam Smith, a principios del siglo XIX David Ricardo describió lo que dio en llamar ventaja comparativa: la que disfruta un país con respecto a otro o al resto en la elaboración de un producto, sea porque lo realiza a menor coste, sea porque el producto resulta más deseable por su calidad o diseño, aun a un coste relativamente mayor (bueno, Ricardo no hablaba de diseño, pero ésa sería una definición actualizada del concepto). Por eso, para analizar la estructura, las debilidades y fortalezas de la economía de un territorio, probablemente sea el análisis de su relaciones comerciales con el exterior el enfoque más poderoso.

Mediante el análisis de qué productos y servicios exporta e importa, junto con las inversiones que dicho territorio realiza fuera de sus fronteras, su perfil productivo queda bien caracterizado en el marco global. Por otra parte, la mayor parte de las estadísticas provienen de datos aduaneros y arancelarios, es decir, computan sólo las transacciones con otros países, y no con otras comunidades autónomas. Sólo las llamadas Tablas Input-Output revelan las verdaderas relaciones comerciales territorializadas, las que dan las claves de nuestra condición de exportador e importador: Andalucía intercambia la mayor parte de sus bienes con el resto de España. Con datos disponibles sólo hasta 2005, una primera conclusión de nuestra verdadero comercio exterior es que Andalucía ha exportado un 142% más en 2005 que en 2000; casi una vez y media más de ventas al resto de España y el mundo. Eso sí, las importaciones crecieron todavía más en ese periodo, un 162%.

Debemos concluir que no sólo se abre más al exterior como territorio, sino que su déficit comercial se incrementa al doble en ese quinquenio, un 205%. Importamos, como España en su conjunto, más de lo que exportamos, hecho alimentado en gran medida por el crédito interior y exterior. Una tendencia que tuvo su punto de inflexión en la segunda parte de la década, donde los mengues de la recesión y el crecimiento débil han obligado a una ralentización del consumo -y, por tanto, de las importaciones-, y a una forzada búsqueda de mercados exteriores para nuestras empresas, las que tienen domicilio fiscal en Andalucía.

Como era de esperar, Andalucía es a comienzos del siglo XXI comparativamente ventajosa en productos del campo y en su natural escalón siguiente, el de la industria agroalimentaria. Esta ventaja tradicional, sin embargo, no lo es todo. Andalucía produce para vender fuera de sus fronteras una gama amplia de bienes, que incluye el refino de carburantes y lubricantes (11% de sus exportaciones), productos siderúrgicos y derivados del cobre (10%) o equipos para la navegación aérea y la automoción. Además, en la primera década del siglo en curso, Andalucía ha visto cómo sus exportaciones fuera de España crecen de una forma notable.

A pesar de este hecho incontrovertible, si comparamos dicha cifra con lo que nos correspondería a día de hoy por número de habitantes, encontramos un primer déficit: mientras que el 18% de los españoles residen en Andalucía, nos corresponde sólo el 9% -la mitad- del total exportado por España. Otro tanto cabe decir con respecto al PIB regional, que es un 14% del PIB total español. Cataluña, por su parte, es el mayor exportador nacional, con un 27%, mientras que su población es menor (un 15%), y su PIB es un 19% del total español.

O sea, si bien Cataluña y otras regiones más desarrolladas como el País Vasco o Valencia son más exportadores, en todos los casos las comunidades autónomas tienen un déficit comercial relevante: España necesita exportar más para compensar ese déficit. Y Andalucía más aun, porque su grado de apertura al exterior -indicador clásico, que mide la importancia de las exportaciones e importaciones respecto al PIB- es casi 50 puntos menor que el catalán.

Andalucía exporta pues principalmente sus productos al resto de España, y Francia, Alemania y Portugal son los principales compradores de los productos andaluces, en los tres casos con porcentajes que rondan el 10% del total. Latinoamérica, salvo México, sólo comienzan a ser verdaderos destinos comerciales en el último tramo de la década 2000-2010. El gran mercado asiático es todavía embrionario, pero por contra las importaciones desde China y otros países orientales crecen a un ritmo inusitado.

O sea, el mercado común -y cercano- que representa la Unión Europea son nuestras vacas de ordeño, y los países emergentes, menos castigados por la crisis, son la tierra de promisión y la asignatura pendiente del comercio exterior andaluz, aunque cabe mencionar que los planes de la Junta pilotados por Extenda tienen claro este panorama y actúan con inversiones públicas nada desdeñables en este empeño. Además, cabe mencionar que las empresas constructoras regionales, que cuentan con un know-how y un capital físico y humano de primer orden, han obtenido jugosos y crecientes contratos en diversas zonas del globo, como la propia Latinoamérica, Europa del Este y el norte de África.

El análisis interior, por provincias, induce a confusión, dado que las cifras disponibles se basan, como hemos dicho, en datos arancelarios que suman de manera engañosa gran parte de nuestras ventas exteriores en zonas portuarias de gran concentración, como Cádiz y Huelva. Almería ha sido la provincia con mayores índices de crecimiento exportador, sobre todo en el sector de alimentos.

En cuanto a la inversión de nuestras empresas en el exterior -la otra pata de la internacionalización comercial-, el escenario de los últimos años informa de una mayor debilidad de la comunidad autónoma andaluza, lo cual tiene en buena parte que ver con la menor dimensión financiera y la escasa proyección exterior tradicional de nuestras compañías. La salida al exterior, con la venta de productos o el establecimiento inversor directo es la salida natural de una situación deficitaria.

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