• La Blanca Paloma cumple 21 meses en el municipio onubense, que sufre ahora una elevada tasa de contagio

  • Existe preocupación entre sus vecinos por las fiestas particulares en la aldea

Rocío 2021

Otro Rocío en Almonte: Aunque los tiempos se vuelvan

La Virgen del Rocío preside el altar de novena en la parroquia de Almonte. La Virgen del Rocío preside el altar de novena en la parroquia de Almonte.

La Virgen del Rocío preside el altar de novena en la parroquia de Almonte.

Antonio Pizarro

La calma es la nota dominante en las calles de Almonte cuando el reloj apenas supera las seis de la tarde. Cae el sol a plomo y el calor se deja notar. Demasiado. Los más de 30 grados que marca el termómetro de una farmacia dejan huella en la camisa que comienza a pegarse a la espalda, como una segunda piel. Hay que buscar la sombra. Puertas cerradas, algunos zaguanes abiertos y ventanas con las persianas echadas para evitar los efectos del astro rey. Una tranquilidad que contrasta con el ambiente que se vive en la plaza principal del pueblo, donde se alza la catedral efímera que se montó para la venida de la Virgen del Rocío en el verano de 2019 y que sigue allí instalada mientras la Patrona almonteña se encuentra en el municipio.

Aquí el silencio se rompe y hay un grupo de jóvenes (y algunos entrados ya en edad) cuya sobremesa se alarga con cantes y guitarras. Un señuelo de tardes de arena que han quedado atrapadas en el tiempo. La nostalgia se condimenta con la exultante alegría que provocan ciertos combinados.

La Blanca Paloma lleva 21 meses en la parroquia de la Asunción. Vino sólo por nueve, pero el calendario que marca la tradición saltó por los aires en la primavera de 2020. Desde entonces, muchas cosas han cambiado. Pentecostés no es el mismo. No hay romería. Las alegrías llegan a cuentagotas, como una cartilla de racionamiento donde cualquier viso de vieja normalidad se festeja como alimento de primera necesidad. Y sin romería las tiendas de recuerdos viven una constante penuria en sus cajas.

Uno de los empleados de estos negocios que regenta la Hermandad Matriz se sincera con un cliente. Le explica, mientras le despacha tres velas de promesa, que ha estado en ERTE y que el establecimiento ha reabierto hace escasas semanas, tras permanecer varios meses sin actividad. Los cierres perimetrales establecidos en la tercera ola, tras la Navidad, obligaron a ello.

La capilla votiva, donde se encienden las velas de promesa. La capilla votiva, donde se encienden las velas de promesa.

La capilla votiva, donde se encienden las velas de promesa. / Antonio Pizarro

“La cantidad de clientes que compra en la aldea no tiene nada que ver con la que viene aquí, especialmente en el Rocío, que es cuando más ventas logramos. Llevamos dos años sin romería, así que ya se puede imaginar usted cómo está la cosa”. Una mirada alrededor constata la realidad de la que habla este almonteño. Sólo hay dos personas en el establecimiento y la capilla votiva habilitada en un lateral de la parroquia no registra, ni de lejos, el movimiento propio de la víspera de Pentecostés. Pese a esta circunstancia, no falta el continuo chorreo de personas que depositan sus velas. La salud, en estos tiempos de pandemia, es el bien más preciado que se solicita cuando los fieles se persignan ante el retablo cerámico de la capilla, impregnada de hollín.

El debate sobre la conveniencia de que la Patrona vuelva a la aldea sigue abierto. Algunos vecinos se incomodan cuando se les plantea, otros dan la callada por respuesta y también hay a quienes no les importa contestar cuando se alude al tema que ya ha protagonizado algún que otro polémico titular. “Aquí todo lo que se haga debe contar con la aprobación del pueblo. La hermandad lo sabe. La Virgen debe regresar cuando se pueda y como siempre se ha hecho”, refiere otro empleado de un negocio cercano a la parroquia.

Un grupo de peregrinos entra a la parroquia almonteña. Un grupo de peregrinos entra a la parroquia almonteña.

Un grupo de peregrinos entra a la parroquia almonteña. / Antonio Pizarro

La Plaza de la Virgen del Rocío sigue animada. Continúan los cantes. Hay más veladores ocupados por devotos que van llegando para la novena. Algunos son miembros de juntas de hermandades a las que está dedicada algún día del culto. Dejan las varas apoyadas en los veladores mientras refrescan la garganta en esta tarde calurosa de mayo. Al interior del templo acceden tres peregrinos con pañuelo al cuello. Han recorrido varios kilómetros hasta Almonte. Lo han hecho con zapato y ropa deportiva. Alejados del revestimiento propio de la romería.

Existe temor en el pueblo a que esta práctica se extienda el fin de semana, especialmente en la aldea, donde ha repuntado el alquiler de charrés, caballos y viviendas para el fin de semana . “A mi hermano le han arrendado las dos casas”, comenta un oficial de la junta de la Matriz, que reconoce que la organización de este Rocío está siendo bastante complicada, tras tenerse que suspender la misa del domingo en el Chaparral por la elevada tasa de contagios que hay en la localidad.

Numerosos devotos visitan estos días a la Blanca Paloma. Numerosos devotos visitan estos días a la Blanca Paloma.

Numerosos devotos visitan estos días a la Blanca Paloma. / Antonio Pizarro

El bullicio de la plaza contrasta con el silencio del templo. Los primeros bancos ya están ocupados por los fieles más tempraneros, que se aseguran así un asiento para la novena. Las numerosas ofrendas florales se esparcen por todas las capillas ante la imposibilidad de concentrarlas todas en el presbiterio. El campanario repica para anunciar la inminencia del culto. La Virgen en su paso es otro señuelo para la memoria. Otro anzuelo para recordar aquellos lunes que, por estas calendas, traía la vieja normalidad. Rezos, fotos y lágrimas. La estampa no cambia. Impertérrita. Aunque los tiempos se vuelvan.