Euprepio Padula | Consultor político y 'headhunter'

"El problema de la italianización de la política es que no somos italianos"

"El problema de la italianización de la política es que no somos italianos" "El problema de la italianización de la política es que no somos italianos"

"El problema de la italianización de la política es que no somos italianos" / josé ramón ladra

Euprepio Padula (Francavilla Fontana, Italia, 1966) estudió Derecho y comenzó a trabajar en IBM antes de incorporarse a diferentes firmas de cazatalentos. Llegó a España como director general de Nicholson International para el Sur de Europa y Latinoamérica, y posteriormente se incorporó a la multinacional Alexander Mann. En 2005 fundó Padula & Partners, donde asesora a empresas y partidos políticos a reclutar y gestionar el talento. Es colaborador de Telecinco, La Sexta, Cuatro y Telemadrid, donde presenta un espacio. Acaba de publicar su último libro, Don de gentes (Alienta, 2020)

-¿Qué es el carisma?

-Es esa cualidad de liderazgo que toda persona, sea famosa o no, querría tener.

"En Italia hay una gran capacidad de negociación surgida del follón de su política que no existe en España"

-¿Pero existe?

-No sólo existe sino que se puede entrenar, como todas las cualidades de liderazgo.

-¿No sólo se nace con él sino que se puede hacer?

-Por supuesto que hay gente que nace con carisma, pero también hay muchísima gente a la que yo mismo entreno en política y en empresa privada para obtenerlo. Muchas personas tienen esa cualidad, pero no saben desarrollarla.

-¿Cómo se entrena?

-Primero, conociéndose a uno mismo. Y lo más importante, perdiendo los prejuicios sobre uno mismo y mirar a todo el mundo sin prejuicios. Es como si nos quitáramos el filtro de la clase social, de la raza, de la orientación sexual...

-Ni Aznar ni Rajoy destacaron precisamente por su carisma en su momento. ¿Un político puede triunfar sin él?

-No son ejemplos de carisma, pero por supuesto que se puede triunfar sin él. Ahora bien, acelera de una forma brutal las posibilidades de éxito de cada uno de nosotros.

-¿Qué político actual diría que tiene carisma?

-Hay muchos. Sin ninguna duda, Albert Rivera, a pesar de que ha dejado la política; Pablo Casado o Susana Díaz, que me parece muy carismática, aunque no esté gobernando la Junta, porque ha sabido conectar durante muchos años con todos los andaluces, independientemente de la clase social. Otro ejemplo de carisma es Juanma Moreno Bonilla, que, desde mi punto de vista, no es una persona dotada genéticamente de don de gentes, pero ha sabido desarrollarlo de una forma brutal. Es un ejemplo de que se puede mejorar.

-¿El éxito político precede al carisma?

-Se pueden ganar elecciones sin ser carismático, pero tener carisma ayuda mucho. Y cuidado: el poder también hace que una persona pueda tener más carisma. Giulio Andreotti, que fue siete veces presidente del Gobierno en Italia, decía que el poder desgasta a quien no lo tiene, pero también es un imán si se sabe utilizar.

-Pero no es un antídoto contra el fracaso, como demuestra Albert Rivera.

-En absoluto. Todo lo contrario. Incluso puede ser una trampa mortal para un político el hecho de que abuse del carisma sin hacer los deberes en otras cualidades.

-La política es esclava de la imagen desde el mítico debate de Kennedy y Nixon. ¿Se ha acentuado esa dependencia con el auge de las redes?

-Las redes sociales pueden matarte o llevarte al triunfo. De hecho, en las últimas elecciones hemos visto a profesionales que han hecho un buen uso de ellas y otros que se han equivocado y les han llevado al fracaso.

-¿Por ejemplo?

-Creo que el PP no ha sabido comunicar ni en los medios tradicionales ni en las redes. Ahora se han puesto las pilas.

-Usted menciona en su último libro (Don de gentes, Alienta, 2020) el aspecto desaliñado de Zapatero, por no usar trajes a medida.

-No creo que considerara secundario el poder de la imagen, sino que tenía miedo a perder autenticidad. La imagen puede encarcerlarte y hacer que la gente te vea disfrazado. No se puede ser rehén de la propia imagen.

-Hablando de esclavitud de la imagen, usted cita como ejemplo a doña Letizia.

-Ahora lo ha corregido, pero durante muchos años ha perdido naturalidad por su forma de vestir y de maquillarse, una naturalidad que la hacía triunfar en la televisión, por cierto. Ahora se la ve mucho más natural en todas sus apariciones.

-¿Líderes del pasado como Churchill o Roosevelt nunca habrían triunfado en esta era de la imagen?

-Probablemente no. Churchill tenía una mala leche brutal, hablando de forma coloquial, pero no le daba ninguna importancia a las buenas maneras. Hoy no llegaría a ningún lado a no ser que fuese como Trump, que ha hecho de la antimagen la clave de su éxito.

-Como italiano residente en España desde hace dos décadas, ¿cree que la política española se ha convertido en el casino como denominan allí a Roma?

-Llevo muchos años hablando de la italianización de la política española. Pero el problema es que aquí no somos italianos. Una de las características de los italianos es que de ese follón ha nacido una gran capacidad innata de negociación. En España, no la hay. Por eso hemos tenido aquí cuatro elecciones en cuatro años.

-Mientras España vive su primer Gobierno de coalición, Italia no ha tenido prácticamente nunca un Gobierno monocolor desde 1946.

-Incluso hubo periodos en los que la Democracia Cristiana y el Partido Conservador gobernaron con el apoyo de los comunistas. En España tenemos ahora la primera coalición, y a ver qué tal va. La política española necesita urgentemente aprender a dialogar y negociar.

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