José María Arenzana Seisdedos | Periodista y guionista de TV "Sin quererlo, las ONG han jodido la vida a África"

"Sin quererlo, las ONG han jodido la vida a África" "Sin quererlo, las ONG han jodido la vida a África"

"Sin quererlo, las ONG han jodido la vida a África" / juan carlos vázquez

Periodista de radio, televisión y prensa, guionista de televisión y autor de infinitos documentales, Arenzana por su padre, médico de pueblo salmantino; Seisdedos por su madre, de Zamora, y Pepe Masai en las redes sociales, José María Arenzana (Huévar del Aljarafe 1959) ha llevado su bigote por conflictos de medio mundo, sobre todo en África. Va a publicar un libro del horror de la guerra de Ruanda, cuyos recuerdos aún hoy le dejan sin aliento. Adora su pueblo natal y sus personalidades que lucen más que la corrupción política del municipio. Sus tres hermanos son médicos.

-El libro Ruanda 100 días de fuego sale en la primavera de 2020 y cuenta en primera persona la dureza del genocidio que vio.

-Este año en abril se ha cumplido el 25 aniversario de aquel horror. Estaba de guionista de televisión en el programa de Carlos Herrera cuando viajamos a Ruanda en 1994 el fotógrafo Luis Davilla y yo. El conflicto había estallado hacía mes y medio. Antes estuvimos dos meses en Sudán (hoy Sudán del Sur) y por media África. En esa misma época había conflictos abiertos en Liberia, Sierra Leona y Los Balcanes. Eran casi los últimos conflictos bélicos a la vieja usanza, analógicos. No era desde luego Vietnam, pero podías mirar a la cara a los combatientes, hablar con ellos, negociar y verles hacer atrocidades.

Las nuevas generaciones de africanos bien formados piden que deje de llegar ayuda humanitaria

-¿Hoy es muy diferente?

-Sí, hoy nadie pregunta ni se respeta a un periodista, es todo un saqueo. Las guerras se hacen por ordenador y se retransmiten en directo. Todo es virtual, inhumano. Hoy vemos una vorágine de yihadistas cortando cabezas a todo el que pasa, o desde ningún punto cayendo misiles a dos mil kilómetros de distancia, apretando botones con drones. Así no ves la guerra, lo que ves es sólo la destrucción.

-Fueron los primeros en España en traer ese material de Ruanda.

-No pudimos vender todo lo que traíamos a la revista Panorama, del grupo Zeta, porque acababa de cerrar. Lo vendimos por todo el mundo. En El País publicamos las primeras crónicas que salieron de Ruanda en España. Envié los textos por fax como pude, escritos en una cuartilla imposible.

-El libro también reflexiona sobre el papel de las ONG en África.

-Sí, porque a partir de 1971 las ONG han generado grandes contradicciones. En los campos de refugiados de Ruanda se dieron cuenta de que estaban prestando asistencia a un ejército de asesinos y de que en estos campos seguía produciéndose el genocidio cuando la guerra había acabado. Cuando llegábamos por la mañana, encontrábamos a gente degollada, envenenada. Cuando una facción de una guerra va perdiendo, si acudes en su ayuda estás prolongando la guerra.

-Sobre este mismo tema está preparando un documental de Netflix.

-Se llama Víctimas SA. Es una coproducción de Netflix y Canal Sur sobre las contradicciones que han generado las ONG modernas en Etiopía, Sudán, Somalia y Ruanda. En cada uno de estos países se produce un elemento de crisis en el comportamiento de las ONG. Así lo contamos. Sin quererlo, las ONG han destruido la sociedad a la que hemos ido a ayudar y a salvar. Les hemos ido a joder la vida.

-Explique por qué

-Cuando una ONG llega a un territorio y quiere contratar a personal de esa localidad para integrarlo en su proyecto lo que hace normalmente es negociar con el más chulo y matón del barrio. Si eso sucede, el resto de la población entiende que el que manda ahora es el matón, no el puto consejo de sabios que toma las decisiones desde hace miles de años. Este consejo desaparece. Se destroza la estructura social. Sucede sin maldad de la ONG.

-¿Y las organizaciones religiosas?

-Yo diferenciaría las de tipo religioso del resto de ONG. Su concepto es sutilmente diferente de las demás ONG. No puedo incluirlas en el mismo nivel.

-En Etiopía, ¿qué sucedió en los años ochenta?

-Es un caso muy sangrante. Es un país lleno de agua por todas partes, salvo la zona desértica. ¿Una sequía en Etiopía? Puede haberla en el desierto, pero al ser nómadas, se mueven a otra zona ¿Qué sucedió aquí? Que un negrito encerró a su población para que se muriera de hambre al darse cuenta de que la ayuda humanitaria podía llover en cuanto apretara las tuercas a Occidente. Las ONG, empresas cuya misión es sostener su actividad, nos bombardearon con imágenes horribles y la gente se volcó mandando dinero. Los que habían encerrado a su población para que se muriera de hambre aplaudían con las orejas cuando desembarcamos allí con el We Are The world, we are de children con alimentos y dinero a punta pala.

-Si las ONG en países en conflicto no ayudan sino todo lo contrario, ¿qué papel deberían tener?

-Podemos contribuir a ayudar a que sus gobernantes garanticen un mínimo de estabilidad y seguridad jurídica para su población, de respeto por los derechos y la dignidad humana, y tejer las redes comerciales lo más justas posibles y que no fomenten el desfalco, el robo, el latrocinio permanente de los gobernantes. Eso suponiendo que haya gobernantes que estén por la labor de desarrollar su país. No podemos hacer mucho más. Lo están pidiendo las nuevas generaciones de africanos bien formados: que por favor deje de llegar la ayuda humanitaria.

-Después de estar en la guerra de Eritrea lo deja todo. ¿Por qué?

-Tuve la sensación de que me estaba convirtiendo en un turista profesional. Acababa de lograr la independencia tras casi 40 años de guerra. La revista GEO alemana nos pidió un reportaje. Pero en GEO querían leer dónde tomar un daikiry por decirlo de alguna manera. El peso de la realidad era tan fuerte que no podía ocultársela al lector. No sé si porque intuía el cambio en el periodismo (se estaba derrumbando en ese sentido clásico), les pedí que me devolvieran el reportaje y me retiré de los viajes.

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