José Calvo Poyato | Historiador y político "El PSOE de Alfonso Guerra vampirizó el andalucismo"

José Calvo Poyato José Calvo Poyato

José Calvo Poyato / josé ángel garcía

José Calvo Poyato es un hombre polifacético. Huérfano de partido desde que el PA se cayó del cartel, ha encaminado su carrera como escritor hacia la novela histórica como una forma de acercarse al gran público. Antes estuvo en el sillón más cercano de la política, el de alcalde de su pueblo, Cabra. También fue parlamentario y profesor de instituto. Y ahora es patrono de la Fundación Centro de Estudios Andaluces, desde donde quiere rescatar libros perdidos e historias desconocidas.

-¿Lo más satisfactorio para un político es ser alcalde de su pueblo?

-Es de lo más satisfactorio. Entre otras razones, porque aquellos proyectos que uno piensa que se pueden hacer, los ve hecho realidad. Se hacen parques y se construye un instituto. Cuando uno está, por ejemplo, en el Parlamento, los debates son mucho más teóricos. Se debate un presupuesto, pero eso no significa realizar, ejecutar obras. En los pueblos, además, la gente se conoce. No sólo vota unas siglas. Se vota también a la persona. Convertirse en el alcalde del pueblo de uno significa que uno tiene el reconocimiento de sus vecinos.

Una negociación política es muy complicada. No hay siempre toda la lealtad que debiera haber"

-Ahora la fundación Centro de Estudios Andaluces, de la que es patrono, también elabora barómetros de opinión trimestrales. ¿Tiene algo que ver con el CIS de Tezanos?

-Habrá que esperar a verlo, todavía tiene un recorrido muy corto. Testar los estados de opinión debe hacerse con la mayor fiabilidad, sobre todo si se utiliza dinero público. No debe ser un instrumento partidista, que es la impresión que da el CIS de Tezanos. El propio Tezanos ha dicho que, aunque él esté al frente del CIS, tiene como obligación defender a su partido. No ha tenido tacto ninguno. Cuando se utiliza el dinero público hay que tener mucho cuidado, porque eso es de todos.

-Fue de la última hornada de parlamentarios del PA. ¿Qué le pasó al partido?

-No estaba de acuerdo con la línea que marcaba la dirección del partido. El paso del tiempo, tristemente, señaló que esa línea no era la adecuada. El PA, con más o menos representatividad, había tenido siempre presencia en el Parlamento. Siempre como un grupo pequeño, lo que significaba que el 10% o el 12% de los andaluces confiaban en él.

-¿A qué achaca la desaparición definitiva?

-Rechazar de manera frontal la renovación del Estatuto, quedándose prácticamente solos, me pareció un error garrafal. Plantear tesis muy nacionalistas, similares a las que había en el País Vasco y Cataluña, fue un error. Los andaluces tenemos un sentimiento español bastante asentado. Otra cosa es que estemos conformes con el papel que se le ha asignado a Andalucía en el Estado. Siempre pensé que la lucha tenía que ir por ahí.

-¿Quedan hoy en el Parlamento diputados que con sentimiento andalucista?

-No sigo tan de cerca la política, pero creo que es necesaria la existencia de un partido andalucista. A todos los partidos le interesó revestirse de andalucismo en un momento determinado. El PSOE de Alfonso Guerra vampirizó el andalucismo todo lo que pudo en su propio beneficio. Incluso el PP ha manifestado su devoción por planteamientos andalucistas. El andalucismo es un sentimiento arraigado en muchos andaluces.

-¿Qué es mas complicado, dar clases en un instituto o sacar adelante una negociación política?

-Una negociación política, siempre. Aunque parece que las relaciones en el aula han variado mucho en los últimos tiempos. Hace 20 años el profesor todavía era una referencia de autoridad en el aula. Eso se ha diluido muchísimo. Es una mala cosa, por lo que puede que ahora sea un tanto complicado dar una clase a 30 chavales en un aula. Una negociación política es muy complicada y no hay siempre toda la lealtad que debiera.

-Llevamos varios meses escuchando hablar de Magallanes y su vuelta al mundo. ¿Es novelería? ¿Oportunismo político?

-Tendríamos que decir Magallanes y Elcano. Magallanes no dio la vuelta al mundo. Las instrucciones que tiene de Carlos I no son las de dar de dar la vuelta al mundo, sino las de abrir un camino hacia las islas de las especias y regresar por ese camino. Quien toma la decisión de dar la vuelta al mundo, desobedeciendo a Carlos I, es Elcano. No creo que haya oportunismo político. Que haga 500 años de aquella verdadera gesta merece la pena recordarse. Me atrevería a decir que estamos haciendo pocas cosas para lo que una gesta como esa supone. Si lo hubieran hecho los franceses o los británicos, sería monumental. Somos más retraídos para eso.

-¿Por qué este complejo?

-Nuestra historia tiene sus momentos brillantes y sus momentos oscuros. Pero los españoles nos sentimos más cómodos en las sombras. En las cosas que no se hicieron bien o que no salieron bien. Tenemos que ir superándolo. Los ingleses jamás hablarán mal de su historia. No tienen empacho en exagerar determinadas cuestiones.

-¿Vamos mejorando?

-Tenemos que asumir nuestra historia como fue. La primera vuelta al mundo fue una gesta extraordinaria. No sabían dónde iban, nadie había navegado por aquellas aguas. La novela histórica permite llevar al público de una manera más divertida los grandes acontecimientos. El gran éxito de la novela histórica está relacionado con el poco deseo que los historiadores españoles han tenido de divulgar. Se han escrito libros espléndidos de investigación, pero eso al público en general le interesa relativamente.

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