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Regresa la lluvia a Sevilla

"En Suiza casi se paraliza una obra si se desvía el presupuesto"

Sara Martín Cámara

Esta arquitecto ha ganado, con sumarido y socio Laurent Gravier, el concurso de la Nouvelle Comedie de Ginebra: 6.800 metros cuadrados con dos salas y talleres junto a la estación de cercanías del barrio de Eaux-Vives. Y 32 millones de presupuesto.

"En Suiza casi se paraliza una obra si se desvía el presupuesto"
Ignacio Martínez

26 de marzo 2010 - 12:56

–Jean Nouvel es un arquitecto consagrado. En España ha hecho la ampliación del Reina Sofía en Madrid, la Torre Agbar en Barcelona o el Pabellón de Francia en la Expo 92 de Sevilla. ¿Pensaba ganarle un concurso?

–Un concurso de arquitectura no es una competición entre arquitectos sino entre proyectos. Los concursos anónimos dan las mismas posibilidades a todos y permiten de vez en cuando sacudir el star system.

–Su proyecto semeja a cuatro cubos gigantes, que dan a una plaza...

–Es un skyline. Buscábamos una forma iconográfica con identidad fuerte, que fuera expresión de la diversidad de usos, no un gesto gratuito.

–Se decidió este proyecto en el mismo referéndum contra los minaretes en las mezquitas suizas.

–En la democracia directa suiza cualquier discusión pública puede ser llevada a referéndum. En noviembre en el cantón de Ginebra se votaron dos cosas independientes: la prohibición de construir minaretes y la aprobación de un presupuesto suplementario para una nueva línea de tren de cercanías, llamada CEVA, a la que está vinculado nuestro teatro.

–¿Cuándo está previsto terminar la obra?

–En 2016.

–¿Imagina un polo cultural así en Málaga o Córdoba, candidatas a la capitalidad cultural europea en 2016?

–Por supuesto. Un gran equipamiento es capaz de enriquecer la oferta cultural de una ciudad y modificar su configuración urbana.

–¿Habría hecho las setas de la Encarnación en Sevilla?

–El conjunto puede ser espectacular, pero el gesto arquitectural y urbano parece desmesurado para el programa que alberga. Una imagen seductora no es suficiente.

–Las setas en vez de los 51 millones de euros iniciales van a costar 110. ¿Se podría dar un caso así en Suiza?

–En Suiza los proyectos que doblan el presupuesto inicial tienen pocas posibilidades de ver la luz. Los ciudadanos deciden sobre las inversiones públicas y, vía referéndum, pueden adjudicar o no el presupuesto suplementario. La línea de cercanías CEVA casi se paraliza por una desviación del 10%.

–Esa discusión ¿se produce en la fase de proyecto?

–Con la obra empezada es impensable una desviación.

–Tras la década inmobiliaria, se prefiere el edificio útil a la construcción emblemática.

–Útil y emblemático no son antónimos necesariamente. El reto del concurso fue concebir un equipamiento funcional y económico, que fuera también un edificio emblemático, con una fuerte imagen para la ciudad.

–¿Qué opina de la torre Califa de Dubai de 828 metros?

–Construir una torre con el objetivo de que sea la más alta del mundo no es un acto de urbanismo sino de puro ego.

–¿Qué habría hecho en el dique de Levante de Málaga?

–Una extensión de la ciudad. La función de embarcadero no conseguirá atraer a los ciudadanos al mar.

–¿Se nota la crisis de la construcción en Francia?

–Se nota mucho, como en toda Europa. Aunque quizás menos que en España.

–Muchos de los colegas de su generación están pasando apuros en España.

–Sé lo que es pasar apuros; hemos pasado muchos desde que creamos el estudio. Nos ha salvado no limitarnos a las fronteras, y guardar un optimismo inquebrantable.

–¿Cómo fue el concurso de la Comedie?

–Participaron 79 equipos de toda Europa, muchos de grandes estudios. Trabajamos varios meses sin ninguna garantía de éxito. Corrimos ese riesgo; perder concursos abiertos cuesta caro.

–¿Aconseja a los jóvenes que viajen?

–Para mí ha sido vital viajar, conocer otras culturas, otros idiomas, otras formas de vivir y de trabajar. La formación de los arquitectos españoles es muy buena y apreciada en Europa, ¿por qué no aprovechar? En nuestro estudio empleamos a arquitectos de varias nacionalidades.

–En su proyecto de Ginebra, hacen mucho hincapié en el aspecto medioambiental.

–En Suiza es impensable construir sin minimizar el consumo energético. Nosotros tratamos de construir de forma sensata y sensible más que aplicar costosas tecnologías revolucionarias.

–¿Tienen alguna idea original para ahorrar energía?

–No hay una receta mágica. Se trata de sacar partido de las buenas orientaciones, con espacios protegidos del sol, facilitar las corrientes de aire, crear inercia térmica, aislar de forma inteligente. En la costa andaluza una vivienda bien concebida y bien construida no debería necesitar aire acondicionado y apenas algo de calefacción.

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