Enric Romero | CEO de Dribo, autoescuela digital "Si las autoescuelas no atraen, la gente opta por el patinete"

En la imagen, Enric Romero. En la imagen, Enric Romero.

En la imagen, Enric Romero. / S. Rojas

Enric Romero es licenciado en Publicidad por la Universidad de Vic y finalizó sus estudios en Estados Unidos donde se especializó en herramientas que están desembocando en la transformación digital. Ha trabajado para Coca Cola, Pringles o Philip Morris. En 2016 uno de sus clientes, que era propietario de autoescuelas, le propuso el reto de digitalizar el negocio. Era Óscar Gallo, uno de su socios en la app Dribo junto a Manu Caldas y Alberto Pastor.

-Sacarse el carnet de conducir on line. ¿Dónde quedó lo de ir a la autoescuela con el código?

-También se puede ir a la autoescuela de siempre, como siempre. Somos complementarios y alternativos. El 80% de los municipios de España no tiene autoescuela. En nuestra plataforma se puede preparar el teórico y también hay profesores para hacer las prácticas, según la cercanía del alumno.

-Una propuesta como la suya crea conflictos con las empresas tradicionales.

-Somos una autoescuela constituida, pero no nacemos para crear conflictos con otras empresas sino que abrimos la posibilidad a renovar el negocio y sus reglas.

-¿Cómo surge su empresa?

-Surgió de manera casual pero parecía inevitable. Entre los fundadores está un propietario de autoescuela, Óscar, con ganas de renovar el negocio; Alberto, programador que estaba desarrollando una herramienta para facilitar el aprendizaje; Manu, que venía de la parte de financiación; y yo, que venía de fundar mi agencia de marketing. Lo que empezó como una relación de cliente-proveedor se convirtió en una startup. Conseguimos entrar en la incubadora de empresas de Barcelona Activa.

-¿Con una generación digital todo ha de llevarse en el móvil?

-No quedaba otra que adaptarse. Es el destino de cualquier sector. La tecnología actual ofrece posibilidades ilimitadas y te permite estar conectado en cualquier parte con el móvil. Los jóvenes y no tan jóvenes lo saben.

-¿De qué manera funciona su app Dribo?

-Es un app que está disponible para Android e IOS y se puede probar de manera gratuita. Aportamos soluciones a tres niveles: a nivel usuario en el aprendizaje. A la estructura de cualquier autoescuela reduciendo costes como la eliminación del local; y al instructor con nuestro sistema de aprendizaje y en facilitar clientes.

-¿Su aprendizaje es el código de siempre?

-Hemos diseñado una metodología pedagógica propia, con unos aprobados que superan el 95%. No somos una app de tests, sino que tenemos unos ejercicios sencillos que ayudan a comprender lo necesario para ser un buen conductor. El proceso se personaliza a partir de los progresos del alumno.

-Pero el examen teórico sigue siendo el típico test.

-El alumno se enfrenta a tests en esta app, pero los conocimientos son más fáciles de asimilar con un renovado soporte formativo. Prestamos flexibilidad y personalización para la formación.

-¿Y los exámenes son en casa?

-No, los exámenes de Tráfico han de ser presenciales, pero on line se puede facilitar todo el resto del proceso, el papeleo está integrado, y la reserva de prácticas.

-¿Le toca cambiar a estos negocios por los que pasan una gran mayoría de los habitantes?

-Son negocios en transformación y en Dribo entendemos que no es tan necesario un local cuando en realidad pocos alumnos pasan por el aula. Para los jóvenes la captación es más fácil a través de internet.

-¿Cuentan con asociados en todas las provincias?

-En Andalucía estamos completando el mapa. Ya tenemos presencia en Málaga, Sevilla, Almería y Huelva. Funcionamos con autoescuelas de casi todo el país y las prácticas, como decía, se asignan por proximidad al usuario para que tenga flexibilidad en ese proceso.

-El mundo virtual sobrepasa la fronteras.

-Fuera de España las normativas en los países de nuestro entorno similares. Esa expansión la exploraremos el año que viene.

-¿Y América Latina?

-En línea con lo anterior, la expansión natural pasa por Colombia, Perú o Chile.

-¿El descenso demográfica ha hecho descender la demanda de alumnos?

-Llevamos diez años en que el número de nuevos carnés de conducir ha caído un 40%, estamos en cifras muy anteriores a la crisis, pero no es sólo por un menor número de jóvenes.

-¿Ya no se siente como urgente sacarse el carné a los 18, los 20?

-No parece urgente a muchos jóvenes de hoy. Se da la paradoja de que baja el volumen de alumnos mientras aumentan las opciones de movilidad. En la grandes ciudades las opciones de alquiler de coches o motos por minutos no paran de crecer. En los grupos de más de 25 años están optando por el carné de conducir para aprovechar esta movilidad, pero no para tener un coche propio. Ya no parece tan necesario el carné cuando los transportes públicos funcionan mejor, hay coches compartidos y para moverse por la ciudad están los carriles bici, los patinetes. Baja la prioridad del carné de conducir y se deja para más adelante, aunque para movernos ya no parece tan indispensable tener un vehículo en propiedad.

-¿Y es casi una inversión sacarse el carné?

-Los jóvenes lo ven difícil porque la formación que se les brinda no les resulta atractiva y también se ha abusado en el precio. Según la OCU el coste actual ronda de media unos 700 euros, con 20 prácticas, pero al final se necesitan más clases, es fácil suspender, y se encarece. En Dribo estamos aportando la evolución y la transparencia. Si las autoescuelas no atraen, no ofrecen algo atractivo, la gente va a optar por el patinete. Nosotros no somos low cost, sino más eficientes en servicio y costes.

-¿Dónde es más caro sacarse el carnet?

-En el País Vasco, Gerona, Barcelona, Madrid. Entre las zonas más baratas están Extremadura, Galicia y algunos puntos de Andalucía.

-¿Y en Cuenca, adonde iban los famosos porque lo tenían más fácil?

-En Cuenca se daban cursos intensivos. Pero no creemos en ese proceso por la vía rápida. Para aprobar el carnet hay que formarse y educarse. En Dribo un alumno pasa un mínimo de 30 horas en la teórica, de manera flexible.

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