Entrevista Roberto y Enrique Ruiz Cubero | Componentes de Los Hermanos Cubero "La cultura es para románticos, no tiene cabida en el capitalismo"

  • Más de una década como hijos bastardos de Agapito Marazuela y Bill Monroe

Los Hermanos Cubero, en una imagen de archivo. Los Hermanos Cubero, en una imagen de archivo.

Los Hermanos Cubero, en una imagen de archivo. / G. H.

Arte y orgullo. El nombre tercer disco de Los Hermanos Cubero es el que mejor define a estos dos compañeros de fatiga y consanguinidad. Alcarreños de nacimiento y corazón aunque catalanes de adopción, fueron bautizados con mucho tino como los hijos bastardos de Agapito Marazuela y Bill Monroe. Es decir, la mezcla entre el folklore de Castilla y el bluegrass norteamericano con el que conquistaron hasta a los modernos de Madrid. Más de una década en la carretera y siguen maquinando canciones bellas

-¿Cuál ha sido la banda sonora de su cuarentena?

-La de siempre. Estudiar nuestro instrumento, escuchar a referentes y componer. No hemos notado mucho cambio porque siempre hemos empleado todo el tiempo en el estudio de nuestros instrumentos.

-¿Y cuál sería, pues, la BSO más acorde a estos tiempos?

-Cualquier cosa que aporte esperanza y belleza a este mundo gris. Por contenido, no por forma. Se da demasiada importancia a la forma y se olvida que el contenido es más importante.

-Tras conocer España de punta a punta, ¿qué es lo mejor que pueden decir Los Hermanos Cubero de este país?

-Las personas. Solemos encontrarnos gente hospitalaria y generosa.

-Su gran canción-manifiesto es Maldita urraca. ¿Quiénes son las malditas urracas de esta nueva crisis?

-Las mismas de siempre. Las que sacan rédito del sufrimiento de la gente. Las que especulan con el bienestar y el futuro de las personas.

-En Trabajando en la MCA se habla de que "los millones los hacemos muchos ceros a la izquierda". ¿Gana más peso ahora la frase?

-Para quien no conozca nuestra canción, es un juego de palabras. La MCA de Lynyrd Skynyrd era la compañía discográfica. La MCA de nuestra canción es la sección sindical metal, construcción y afines, que ahora se llama FICA. Pero sí, durante este parón sanitario obligatorio se ha demostrado que la fuerza de trabajo es la genera la riqueza.

-¿Hay inacción sindical?

-Sí. Los sindicatos mayoritarios siguen en su línea de conformismo con la patronal y el gobierno.

-¿Para cuando una casilla en la Seguridad Social dedicada a los cordaineros?

-Los músicos no queremos caridad. Debería hacerse una ley de una vez por todas donde se regulara definitivamente el oficio. La precariedad es tal que la mayoría nos ganamos la vida trabajando en otros sectores tan dispares como la educación, el sector terciario, o en nuestro caso, la construcción y el metal. Debería dejar de confundirse cultura con ocio.

-¿Es la falta de empatía el gran mal de este tiempo?

-Cada uno mira por lo suyo y no por el bien común. Es el mayor logro del capitalismo.

-Su sonido es una mezcla entre el folklore de Castilla y la raíz norteamericana de artistas blancos. ¿Cuánto tienen de negro en su ADN musical?

-Todo. En la música tradicional de Castilla hay mucho de la cultura árabe. En la música de raíces estadounidenses hay mucho de raíz africana y afroamericana. La música de Bill Monroe está fundamentada a partes iguales por la cultura blanca y la cultura negra. A estas alturas de siglo XXI no tiene sentido intentar discernirlo. Las culturas están tan entrelazadas que no tiene sentido separarlas. El que busque la pureza se equivoca completamente, porque no existe.

-En los recitales agradecen mucho el aplauso. ¿Esta sociedad ha olvidado dar las gracias?

-Es peligroso generalizar, pero se podría decir que se ha perdido dar valor a los gestos cotidianos, a las cosas normales.

-Hace diez años os bendijeron con el premio Agapito Marazuela. ¿Desconoce España su folklore?

-Hay mucha gente que conoce y aprecia la música tradicional en España, pero es un circulo muy especializado y relativamente pequeño. El publico general la desconoce. Pero a veces pasa que si alguien se para a escucharlo le llega dentro porque forma parte de nuestra memoria colectiva. A todo el mundo le suena, todo el mundo se reconoce en ese espejo. Falta quitarse prejuicios. No somos nadie para representar a una figura tan importante como la de Agapito Marazuela, entre otras cosas porque hacemos música desde otro enfoque, pero fue un honor enorme recibir ese premio y nos enorgullece que se nos asocie a él de alguna manera.

-Rockdelux ha dicho adiós. ¿Hay esperanza para la música en este país?

-La cultura es para románticos. No tiene cabida en el capitalismo.

-¿Y lugar para la independencia en este sector?

-Desconocemos eso que llaman industria musical. Estamos al margen. Nosotros tenemos independencia total. Nuestro sustento no depende del resultado comercial de nuestro arte.

-¿Cómo es la experiencia de telonear y compartir escenario con una ganadora de OT como Amaia?

-Está bien. Es curioso. La mayoría son fans adolescentes o preadolescentes, por lo que no hacen mucho caso a dos tipos con ‘guitarras’ haciendo canciones que no entienden demasiado. A los cinco minutos ya se les ha olvidado que has estado ahí enseñándoles tu corazón.

-Siempre van impecables. ¿Será verdad lo que decía Makinavaja de que en un mundo podrido y sin ética sólo vale la estética?

-No, la estética no sirve de nada. Vestimos así porque nos gusta y por respeto a la gente que paga una entrada por vernos. Como decía al principio, lo importante es el fondo, no la forma.

-Son el máximo exponente de Guadalajara desde el Viaje a la Alcarria. ¿Cómo venderían su tierra a quien no ha estado allí?

-El máximo exponente de la Alcarria es su gente. Si alguien quiere conocerla, que se alquile una moto o un coche y se recorra los pueblos y pare a charlar con la gente y beba agua de las fuentes y respire el aire especiado. Nuestra música es solo nuestra manera de sentir la Alcarria. Pero cada uno tendrá la suya, igual que el libro de Cela fue su manera de verla.

-¿Se podría hablar del sonido 'España Vaciada'?.

-Se deja entrever. No es el objeto central de nuestro discurso, pero el amor por aquella tierra abandonada y maltratada está ahí.

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