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María Dueñas · Escritora

"Cada libro es un paso hacia delante, una evolución"

  • Dueñas (Puertollano, 1964) presenta La Templanza, una historia de emprendimiento, riesgos y viajes que culmina en Jerez en pleno siglo XIX.

Aún colocando el tiempo de su novela muy lejos, a mediados del XIX, la temática suena muy cercana. Una historia de ruina, de emprendimiento, de lucha... ¿Es un guiño a esta sociedad convaleciente de una crisis?

–La verdad es que no lo hice conscientemente, pero cada vez me dice más gente que han visto un paralelismo con el mundo actual. Alguien que se va de España en busca de oportunidades, en un momento difícil por la coyuntura interna del país, la idea de reconstruirse, de reinventarse, de comenzar en un territorio desconocido con la ilusión de prosperar. Al final se trata de una historia ambientada en un enclave decimonónico que a la vez es contemporánea. 

–En el libro hay un gran trabajo de documentación. ¿Cuán dura es esta labor? 

–Realmente es una labor muy extensa. Yo utilizo muchos recursos, muy diferentes; es algo a lo que le dedico mucho tiempo, pero también lo hago con mucho gusto. Quizás es porque vengo del mundo académico y parte de mi vida ha estado centrada en la investigación, aunque sea de otro tipo, y también porque intelectualmente es muy enriquecedor. De todo lo que me documento en realidad yo sólo utilizo una porción pequeña, hay muchas cosas que no se plasman en el libro pero que a mí me enriquecen enormemente mientras estoy sumergida en ellas.

–¿Cuéntenos cómo se ha  documentado para La Templanza?

–En esta novela he utilizado muchos tipos de recursos, desde trabajos de investigación académica que han escrito profesores de la Universidad de Cádiz, archivos del exilio cubano, libros de viaje, libros de memorias. He leído también mucha prensa de la época, he utilizado muchos mapas, muchos planos de ciudades para saber cómo era la ciudad y cómo ha cambiado... Pero lo disfruto mucho. De hecho, muchas veces me tengo que poner un freno, porque si no una cosa te lleva a otra... y al final es un efecto dominó, te puedes pasar la vida sumergida en todos estos recursos. 

–A la hora de escribir, cómo se organiza, ¿alguna manía? ¿Algún lugar predilecto? ¿O es de las que va escribiendo por las servilletas de las cafeterías?

–No, por lo general soy bastante organizada. Yo siempre he trabajado mucho por mi cuenta, y ahora sigo mis mismas pautas de trabajo. Soy poco maniática, aunque es verdad que prefiero trabajar en mi estudio, con tranquilidad, con el día por delante... No suelo viajar con el ordenador. Si estoy de promoción, estoy de promoción y si no, escribiendo. 

–El protagonista de su novela se reinventa, usted también se ha reinventado como escritora, porque hasta hace nada era profesora de universidad. ¿Por qué empezó a escribir?

–Porque llegó un momento de mi vida en  que tenía mis metas profesionales más o menos conseguidas, tenía mi oposición como profesora titular y por primera vez después de muchos años de trabajo seguido me pareció que podía parar un poco el ritmo y hacer alguna cosa en paralelo, aunque nunca me planteé que iba a escribir para cambiar de carrera, simplemente hubo un momento en el que no pude compaginar las dos cosas. 

–¿Se ve escritora para siempre?

–Sí, yo creo que ya será difícil que lo deje mientras que el cuerpo y la mente aguanten. Estoy muy a gusto, me siento muy cómoda, los libros los están acogiendo muy bien.

–¿Qué es lo que más le ha cambiado esta nueva profesión?

–Ha cambiado el ritmo de trabajo, ahora yo me organizo mi calendario. También tengo más proyección pública, viajo más... Pero, vamos, mi fama es muy relativa, a mí no me conoce la gente por la calle.Puede ser que alguien lo haga esporádicamente, pero puedo ir tranquilamente por todos sitios. 

–Medio millón de ejemplares en la primera tirada, y ya van tres ediciones. ¿Siente vértigo?

–Vértigo no, responsabilidad. Yo sé que cuando una empresa como Planeta lanza medio millón de ejemplares al mercado es porque tiene una idea aproximada. Tengo la responsabilidad de estar a la altura, de poner todo de mi parte por no defraudar a nadie, ni a los equipos, ni a los lectores, ni a toda la gente que ha puesto su confianza en mí. 

–¿Le gustó la adaptación audiovisual de El tiempo entre costuras?

–Sí, me gustó mucho y me encanta lo respetuosos que han sido con el libro. Para mí lo fundamental era que los lectores no quedaran defraudados. Quedaron muy contentos y, por tanto, yo también. Yo intervine en la supervisión de los guiones y luego me retiré, pero me  mantuvieron muy informada, fui algún día al rodaje... Fue una relación excelente. 

–¿Nos encontramos en La Templanza una autora más madura?

–No lo sé. Hay gente que dice que sí, incluidos críticos. Yo prefiero pensar que sí, que cada libro es un paso hacia delante, una evolución. 

–¿Por qué ha elegido este tiempo y este lugar? 

–Yo quería centrar la novela en Jerez, en el vino de Jerez, en la comercialización de vinos y la relación con Inglaterra. Soy filóloga inglesa y siempre he sabido de la importancia del sherry, como ellos lo llaman; en la literatura también se menciona, Shakespeare lo alaba, Dickens lo cita constantemente, Chaucer ya hablaba del  sack... Me apetecía mucho ese mundo. Entonces comencé a investigar y fue como supe que algunas bodegas de aquellos años fueron establecidas gracias a lo que antes se llamaban capitales indianos, capitales de retorno, dinero de españoles que habían emigrado a América y que después volvían a la Madre Patria dispuestos a invertir, a rentabilizar. El perfil del indiano me pareció muy interesante para el protagonista. 

–¿Le ha gustado ponerte en la piel de un hombre?

–Me ha encantado, he estado muy a gusto. Ha sido un reto, pero no me ha resultado muy difícil. Después de dos mujeres en las novelas anteriores ha sido un cambio muy refrescante. 

–Creo que es una extraordinaria lectora, ¿qué libro está  leyendo?

–Voy a empezar el de Montero Glez Talco y Bronce. 

–¿Un libro que haya que leerse obligatoriamente en la vida?

–Nosotros tenemos que leer el Quijote, es parte de nuestra identidad, es parte de lo mejor de la literatura universal y tenemos el orgullo de que sea nuestro. 

–¿De sus libros con cuál se queda? ¿o esto es como lo de los hijos que no hay favorito?

–Con La Templanza, aunque luego vendrá el siguiente y me quedaré con él. Cada libro nuevo hay que irlo protegiendo (risas).

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