Hilda Martín. Historiadora

"El mar nunca pertenecerá al hombre, no lo dominará"

  • Se ha convertido en una de las grandes divulgadoras de la relación de las dos orillas. Su última obra es 'El libro de las mareas. Historias de náufragos'.

La historiadora Hilda Martín (Cádiz, 1964) se ha convertido en una de las grandes divulgadoras de la relación de las dos orillas, mezclando hechos con ficción. Su último libro, El libro de las mareas. Historias de náufragos, se adentra a través de varios relatos en la cabeza de quien va a morir ahogado. Cada uno de estos náufragos es pasajero de un barco real que se hundió. Anteriormente, en Las crónicas de Cádiz, había creado un  personaje que vivió en primera persona las reuniones constituyentes de 1812.

-Sabrá usted nadar...  

-Aprendí a nadar muy pequeña. Mi abuelo nos llevaba a navegar en su barco, nos ataba a la cintura y nos arrojaba en mitad de la bahía. Recuerdo la oscuridad de la profundidad y mi empeño por no hundirme. Era nadar o nadar. A veces nos dejaba en La Cabezuela para coger carnada y se metía con el barco por el río y nos tocaba cruzarlo a nado contra corriente. 

-¿Y navegar? Viene de familia de marineros.

-No sé, siempre me llevaron y trajeron. Recuerdo despedir a mi padre desde el muelle agarrada al cuello de mi madre. Nieta de un marinero en la desembocadura de Ayamonte, un hombre singular que en el galeón España y sus apostaderos hacía de práctico del puerto. Recuerdo en aquellos días que íbamos a Isla Canela a remo. Y aquellas  tardes en la Punta del Moral frente a la Higuerita, la entrada de los barcos que después de faenar volvían a casa envueltos en una estela de gaviotas. Algunos tras una galerna no volvieron y me tocó compartir lágrimas con mujeres por las calles aún sin asfaltar y llenas de limpia arena.

-¿Por qué los naufragios? 

-El náufrago es un ser excepcional. Un hombre que habita un lugar que no le corresponde, al menos durante un tiempo. Algunos logran sobrevivir y volver a casa. Pero a veces, muchas veces, no es así. Pero su imagen no perdura, sólo se recuerda al navío. Incluso los restos del naufragio pueden ser hallados, pero no el cuerpo, no la presencia de quien pereció. Se acallan sus nombres, se olvidan sus rasgos. 

-¿Qué pensó cuando conoció el naufragio del barco de Sicilia con más de 700 inmigrantes muertos?  

-A veces sueño que el mar se abriera y una alfombra de huesos blancos lo poblaría todo. Entiendo la desesperación por la huida hacia algo que es un millón de veces mejor que lo que tienen. Mil millones de veces mejor. Pienso en que la muerte para ellos no significa nada. Es un precio mínimo para conseguir la vida. Todo a una carta. Vida o muerte. Pienso en que todos tienen  historias y que ahora son sólo números de muertos.

-¿Qué naufragio es el que más le magnetiza? 

-Me impresionó el del San Telmo en las frías aguas del Sur del Mundo. Un barco imponente de color negro que sobrevive a las tormentas y se cree a salvo cuando los otros que le acompañan tienen que volver. Y en la vuelta de esos estuvo la salvación de la vida y en su derrotero la muerte.

-No hay grandes marinos en su libro.

-No los  hay. Están implícitos porque son los que pilotan los barcos. Pero las historias están contadas por los que han muerto. La cuentan en ese instante preciso en que caen presos  de las olas. Son hombres corrientes, la mayoría embarcados por la necesidad de la vida. No  son amantes del mar, aunque quizás ninguno lo hubiera abandonado nunca. Frailes, médicos, grumetes, pasajeros, soldados, incluso un perro, protagonistas de estas historias.

-Es usted una historiadora que hace ficción con la historia.

-Cada uno de los relatos es fiel a la realidad. Como historiadora busco en las fuentes. Lo que hago es ponerla en la boca y en la vida de un protagonista que la hace suya y la describo queriendo acercar los truenos y las tormentas a quienes la lean.

-¿Qué criterio utilizaba para seleccionar un naufragio en concreto?

-La mayoría de ellos han llegado a mí desde los legajos. Se extienden en el tiempo, desde el siglo XVI al XXI. Se extienden en la geografía, América, Norte y Sur de España. Llegan a mí porque descubro un hecho que me conmueve o por su peso en la historia de los hombres de mar.

-¿Y qué naufragio le ha quedado por contar?

-Muchos. Hay muchos que sin ser grandes barcos o navíos llevaron en sus bodegas historias repletas de un tiempo pasado en el que la vida fue distinta. Y otros más llenos del temor de los piratas y corsarios de hoy, que asesinan y secuestran a los hombres de mar en busca de tesoros más actuales.

-¿Tiene algún libro favorito sobre naufragios? También valen los de amor o los de economía...

  

-Nos centramos en los del mar.  Sin lugar a dudas,  Los Naufragios de  Alvar Núñez de Vaca. Y La Vida de Pi, de Yann Martel, el mejor ejemplo de lo que supone la verdadera soledad y el amor por la vida.

-¿Qué ve mirando al mar?   

-El espacio más cercano y más desconocido de la tierra. El sitio que nunca pertenecerá al hombre por más que quiera dominarlo.

-Alguna vez ha dicho que Cádiz, su ciudad, vive de espaldas al mar... 

  

-Cádiz sólo puede obtener su riqueza del mar. La historia lo ha demostrado. Desde la época de las colonizaciones, desde épocas romana y musulmana, durante el esplendor del Siglo de oro, y hasta la mismas puertas del fin de la guerra de independencia. Sólo el mar la hizo Emporio del Orbe, y sólo la huida del mar la hundió en la rutina de lo escasamente atrayente. Centro de interpretación del mar, museo naval, acuarios, laboratorios marinos, parques temáticos sobre el mar y la historia, reproducción de casas de la época de marineros de los corrales...

-¿Sueña con tesoros ocultos? 

-No. Sueño con rescatar historias, vidas de hombres y mujeres que perecieron en las aguas.

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