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Así está Matalascañas tras los destrozos por la borrasca este fin de semana

"No soy restaurador, soy tabernero, que es un confesor laico"

"No soy restaurador, soy tabernero, que es un confesor laico"
Francisco Correal

11 de septiembre 2010 - 01:00

-¿Cuándo dejan la Montaña?

-Mi padre, Triunfo Gómez Ortiz, llega a Sevilla con 12 años, en el 29. Trabajó en la tienda de ultramarinos El Reloj hasta 1942, en que se estableció por libre.

-Y lo de Trifón.

-Al alistarse en el Ejército, había un sindicalista muy conocido que se llamaba Trifón Gómez y así le llamaron los militares.

-¿Cómo lleva la relación norte-sur?

-Soy sevillano en la Montaña y montañés en Sevilla. Es la ventaja de tener dos patrias. El escudo de Santander tiene el río Guadalquivir, la torre del Oro, las cadenas del puente de barcas y el barco llamado Carceña como el monte del que sacan la madera con la que hacen el barco en el que vino el almirante Bonifaz a recuperar Sevilla en 1248.

-¿A qué político andaluz se le nota el ascendiente montañés: Felipe González, Teófila Martínez o Alejandro Rojas-Marcos?

-Yo he tratado más a Alejandro. Tiene casa en Liendo igual que su hermano Luis, el psiquiatra, y la tenía la hermana que falleció. Van muy a menudo.

-Felipe conservó la aureola de su padre, el vaquero.

-Mi padre conoció mucho al padre de Felipe. Los niños que venían de Santander se buscaban entre sí.

-¿Jacinto Pellón, comisario de la Expo 92, el Bonifaz del siglo XX en Sevilla?

-No entiendo de política ni quiero entender, pero creo honradamente que a Pellón no se le ha hecho justicia en Sevilla. Si no viene con esa tenacidad del montañés, la Expo no se termina. Y en la política y en las cuentas no me meto. Su familia es de Villasevil, un pueblo próximo al de mi padre. Eran once hermanos. He tratado a Miguel Ángel y a don Jesús Pellón, que es sacerdote.

-¿Con la crisis han aumentado los fiados?

-Lo de niño, apúntamelo, eso ya desapareció, afortunada o desgraciadamente.

-¿Se hizo bético porque los dos goles de la final del 77 los marcó López, de Laredo, y el capitán era Cobo, de Cabezón de la Sal?

-Tengo el carné de socio número 232, aunque no voy desde que a mi padre le dio un infarto en 1980.

-¿En el campo de fútbol?

-No. Fue en una consulta médica. Cuando salió de aquel infierno de cables en la UVI, su médico, el doctor Enrique López Romasanta, le prohibió que volviera a ir al fútbol. Y yo también lo dejé, aunque todos los años saco el carné. El último partido que vi, con mi padre en la UVI, fue un Betis-Valencia. Sólo recuerdo un paradón que Esnaola le hizo a Kempes.

-¿Se habla de política en La Flor de Toranzo?

-Se ha hablado y se habla. Cuando hice la reforma de la fachada, el arquitecto quería que fuera más diáfana, para que se viera. Le dije que aquí había reuniones de personas conocidas y no se podía ver desde la calle. En esta casa se han llegado a celebrar hasta plenos municipales. Llegaban los concejales del PA, PP y PSOE.

-¿Y los rojelios de Izquierda Unida?

-Que yo sepa, no.

-¿Siempre se va al Norte?

-Durante cinco años estuve yendo todos los días, de lunes a jueves y en invierno los domingos, a Cádiz a bañarme en la Cortadura porque tengo soriasis. Sigo manteniendo el vínculo con la ciudad. He visto los ensayos del coro de la Viña con mi maestro chirigotero Antonio Burgos.

-¿Hay que tener psicología detrás del mostrador?

-Debes tenerla. El tabernero es un confesor laico. Alguna gente en plan vaina nos llama restauradores. Restaurador es Miñarro.

-¿Y confiesa a confesores no laicos?

-Claro. Mantengo amistad con muchos sacerdotes. Tienen derecho a tomarse una copita de vino. Mi hijo me dice que yo tenía que haber sido cura.

-¿Pasará esta crisis?

-Si no pasa, apaga y vámonos. Yo soy tabernero de dietario, no de ordenador. Hubo una crisis muy gorda, en el 93, pero duró un año.

-¿Siempre tabernero?

-Desde niño. Con siete años, hacía lo que hacen los carritos de las grandes superficies. En la mili hice de tabernero. Como a casi todos los del Arenal, estuve en Parque y Maestranza de Artillería. Como Curro Romero. Estaba formando para el curso de cabos y pasó el capitán de batería. Era director de la constructora Almedi. Cuando le ponían la bandera a un edificio, daba una copa a los albañiles que servíamos nosotros. Me vio en la fila y me reclamó para la sala de oficiales.

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