Las claves
Pilar Cernuda
Venezuela: Zapatero, personaje a tener en cuenta
DESPUÉS de que el Congreso rozara el martes la unanimidad al ratificar la intervención militar de España en Libia con tan sólo los votos en contra de IU y BNG, la sesión de control al Gobierno de ayer destacó por el regreso a la arena política del vicepresidente primero y ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Tras 15 días en el dique seco por una infección de orina que lo llevó a la UCI del hospital Gregorio Marañón, volvió más fino y contundente, posiblemente por el pollo al Marañón, y con él, la enésima pregunta del diputado popular Ignacio Gil Lázaro sobre el caso Faisán, el escándalo que el PP amasa con esmero para convertirlo en un escándalo por entregas del tipo GAL.
Casi a lo Groucho Marx, Pérez Rubalcaba contestó remitiéndose a una respuesta oral de hace un año, que, a su vez, sirvió ya para cumplimentar una pregunta escrita de hace unos meses. "Hoy me pregunta usted lo mismo y, como soy coherente, me remito a la pregunta escrita que, a su vez, remite a la pregunta oral", explicó preparando el terreno para decir la última palabra en su segundo turno de réplica.
Gil Lázaro, cuya originalidad parece agotada por momentos -algo normal si tenemos en cuenta que lleva más de 40 preguntas sobre el mismo asunto-, le recomendó que "no haga planes de muy largo alcance, porque la Justicia se le puede aparecer en cualquier momento, en el más inesperado". "Los éxitos en la lucha contra el terrorismo que todos celebramos no le eximen a usted de su responsabilidad política y personal en el caso Faisán", agregó Gil Lázaro, que en un acto de originalidad concluyó responsabilizando directamente al propio Pérez Rubalcaba y al presidente del Gobierno del chivatazo a ETA.
Cuando ya lo tenía en su terreno, el vicepresidente primero templó con sentido del humor y, sobre todo, con buen oído musical: "Me llamó la atención cuando regresé del hospital la de usted (llamada telefónica); sí, me llamó la atención porque usted decía: que se recupere pronto para ver si viene enseguida a contestar a mis preguntas. ¿Qué haría usted sin mí los miércoles? ¿De qué hablaría usted? Y, sobre todo, ¿qué haría usted los miércoles por la noche, cuando pasea por esas tertulias de extrema derecha glosando las infamias que ha dicho en esta Cámara? ¿Qué sería de usted sin mí y sin el caso? Es como la canción de Amaral Sin ti no soy nadie".
Entre las risas de todas las bancadas y los aplausos de la suya, Pérez Rubalcaba le dio la puntilla: "Hombre, esmérese un poco, pregunte cosas nuevas y cambie sus infamias. Me remito, por tanto, señor presidente, al Diario de Sesiones".
Con la portavoz del Grupo Popular, Soraya Sáenz de Santamaría, y con Rosa Díez, que le preguntaron sobre la Ley de Estabilidad Presupuestaria y por el frenado de España que protagoniza el Gobierno, respectivamente, también salió airoso, quizás por el valor energético del mismo pollo al Marañón y por la capacidad que tiene para revolverse en un metro cuadrado en el debate parlamentario.
Este regreso del vicepresidente primero eclipsó el cara a cara entre Rodríguez Zapatero y Rajoy, que cada vez da menos de sí. Tan sólo tuvo cierto interés el nuevo rifirrafe entre el vicepresidente tercero, Manuel Chaves, y los diputados andaluces del PP a propósito de los ERE y Gürtel. Las chispas de esta nueva fricción parlamentaria llegaron hasta la pregunta siguiente. Llevada por sus raíces andaluzas y, posiblemente, muy mentalizada de cara al futuro, la ministra de Defensa, Carme Chacón, aprovechó una pregunta amiga de me alegra que me lo haya preguntado para reprochar a los populares que estaban "arrastrando por el fango el nombre de Andalucía". "Así se sigue siendo el campeón de las derrotas", sentenció sin llegar aún a presentar su candidatura a las primarias.
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