Balance del ministro del Interior

Zoido vende la equiparación

  • El ministro del Interior, que hizo una nefasta gestión de la crisis catalana, sólo será recordado por el incremento salarial a policías y guardias civiles

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A su llegada al Congreso de los Diputados esta mañana –media hora tarde, por cierto, como era habitual en sus actos como alcalde de Sevilla-, Juan Ignacio Zoido atendió a los periodistas que esperaban en los pasillos. Habló ya en clave de oposición. "La equiparación salarial de los policías y los guardias civiles (con las policías autonómicas) es una prioridad y debe ser una realidad. El dinero está. Espero que lo cumplan", dijo el todavía ministro del Interior.

En realidad, el acuerdo con los sindicatos policiales para la equiparación salarial era casi lo único que podía vender de su gestión durante algo más de año y medio como ministro del Interior. De poco más puede presumir un ministro que mientras miles de policías y guardias civiles se afanaban en impedir el referéndum en Cataluña, estaba en Sevilla condecorando a los policías locales que fueron sus escoltas durante los cuatro años que fue alcalde de la ciudad.

Zoido estuvo casi más tiempo en la capital andaluza que en Madrid y así se lo recordaban sus enemigos siempre que podían. Desde el primer momento intentó cuadrar su agenda con actos en Andalucía, a ser posible en la capital o cerca de ella y que se celebraran generalmente en viernes o en lunes. Igual daba el motivo de esas convocatorias. Pudo verse al ministro una Navidad repartiendo folletos entre los comerciantes del centro de Sevilla presentando el plan Comercio Seguro, como si se tratara más de un candidato a la Alcaldía que el responsable político de la lucha contra el terrorismo o el narcotráfico. El año siguiente lo repitió en Jerez, a menos de una hora de su domicilio.

En una ocasión anunció su presencia en Dos Hermanas para presentar ante la prensa una buena operación contra el tráfico de heroína en el barrio de Cerro Blanco, una de las zonas más deprimidas de este municipio, pero el viaje se retrasó un par de días. La rueda de prensa tuvo que esperar y, al final la operación se terminó filtrando.

La nómina de eventos en los que participó en Sevilla es larga: la presentación de la comisaría del distrito Triana junto a la Torre Sevilla; la toma de posesión del jefe superior de Policía, José Antonio de la Rosa, que ya trabajó con él en el Ayuntamiento y luego se llevaría a Madrid a dirigir el cuerpo; la presentación de un nuevo sistema de seguridad vial en la carretera de Utrera; una charla sobre la Constitución a los alumnos de los Salesianos de Triana; la visita al Puerto previa a la instalación de un puesto fronterizo para los turistas que llegan en los cruceros... Y por supuesto, no faltó nunca a las recepciones de la Policía Nacional o la Guardia Civil en sus casetas de la Feria de Abril.

La presencia de Zoido en Sevilla fue un quebradero de cabeza constante para la Policía Nacional. El ministro quiso mantener su localidad en el Ramón Sánchez Pizjuán y los responsables del dispositivo de seguridad lo obligaron a ir al palco porque sería imposible protegerlo en mitad de la grada. En tiempos de verdaderas carencias de agentes, cuando apenas había tres patrulleros para toda la ciudad, uno tenía que retirarse del servicio para ir al domicilio del ministro porque había llegado un paquete y tenía que pasarse antes por un escáner. El patrullero iba a casa de Zoido, recogía el paquete, lo llevaba a la Delegación del Gobierno, donde se escaneaba, y luego lo llevaba de vuelta a casa del ministro.

Evidentemente, contra el argumento de la presencia de Zoido en Sevilla vale el que utilizó uno de sus más estrechos colaboradores, Gregorio Serrano, cuando se le acusó de estar en Sevilla el día de Reyes mientras una nevada colapsaba la autopista A-6 y dejaba atrapados a miles de conductores. Uno puede estar trabajando en su casa de Sevilla y no estar necesariamente en Madrid. No hace falta que el director general de tráfico vaya con un quitanieves a la carretera. Pase, aunque quizás la imagen de un ministro del Interior repartiendo propaganda por la calle Sierpes no sea la más acorde al cargo. Pero lo que tiene difícil defensa fue su gestión de la crisis catalana.

La crisis del 'Piolín'

Interior envió a Cataluña a miles de policías nacionales y guardias civiles, la mayoría de los cuales se hospedaron en tres barcos alquilados por el Ministerio -uno de ellos pintado con la imagen de Piolín- que no reunían las mínimas condiciones higiénicas y de salubridad. El primer relevo estuvo más de mes y medio allí, con el desgaste que eso supone, en un camarote en el que no había ni wifi para que los policías pudieran hacer una videollamada a sus familiares, en barcos en los que se comía todos los días espaguetis y en los que ofrecieron un menú de Navidad que no llegaba al nivel ni de rancho de la cárcel. A esos agentes ni siquiera se les ha entregado todavía la medalla que el Gobierno prometió.

Los últimos actos de Zoido en Sevilla fueron la semana pasada: la entrega al Museo Arqueológico de unas piezas recuperadas por la Policía Nacional y la visita al cuartel de Eritaña para presidir el 174 aniversario de la creación de la Guardia Civil. Iba preparado para esquivar una pregunta incómoda, como era que explicara por qué ninguno de los 1.299 policías de nueva incorporación iba a venir a Sevilla ("El ministro no decide los destinos de los policías, aunque sea sevillano"), dijo, pero se encontró con otra mucho peor.

"Ministro, una última hora nos acaba de llegar. Ha salido ahora mismo la sentencia de la Gürtel, que condena al PP, y queríamos conocer su opinión", le preguntó un periodista. "Pues... Mire, realmente lo desconocía... Cuando he llegado no había salido nada...". Se rehízo como pudo: "Bueno, saben ustedes que no me gusta hablar sin conocimiento y me gustaría leer íntegramente la sentencia antes de pronunciarme. Les pido que den ese tiempo".

Una semana después, Zoido entraba en el Congreso en su último día de ministro del Interior vendiendo la equiparación salarial, una medida que ha costado meses de negociación con los sindicatos y que ha llegado tras una fuerte presión de los policías y los guardias civiles, que, espoleados por el trato recibido en Cataluña, han protagonizado manifestaciones masivas en distintas ciudades españolas.

Podría haber vendido también que ha convocado más de 11.000 plazas de policías y guardias civiles, pero no podrá presidir la incorporación de los mismos a sus plantillas. Ese acto desde luego no lo podría haber convocado en Sevilla, porque a la capital andaluza no enviaba a ninguno. Tampoco iba ninguno al campo de Gibraltar, una zona caliente que será una de las asignaturas pendientes para el nuevo ministro. Ni siquiera las estadísticas de criminalidad le han ayudado. 2017 fue el primer año en el que crecieron los delitos por primera vez en más de una década.

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