La herencia de ZP

La herencia de ZP
La herencia de ZP
Jorge Bezares

16 de mayo 2011 - 01:00

CUANDO el pasado 2 de abril, José Luis Rodríguez Zapatero anunció, por fin, que no se presentaría a las elecciones generales previstas para el año 2012, muchos dirigentes del PSOE tuvieron que hacer un esfuerzo para ocultar públicamente su alivio -aunque también es verdad que algunos, los más próximos al dirigente leonés, derramaron alguna lágrima de cocodrilo ante las cámaras de televisión-.

La caída en picado de los socialistas se vinculaba internamente al deterioro de la imagen de su líder, que, según las encuestas de ese momento, no contaba ya con el respaldo de casi el 80% de la ciudadanía.

El efecto renuncia, con un PP obligado a cambiar su estrategia, modificó el estado de ánimo de la militancia socialista, que, en esos primeros instantes, creyó las consignas de sus dirigentes de cara a las ya inminentes elecciones del domingo que viene: habrá partido.

Desde entonces, Rodríguez Zapatero ha entrado en campaña de lleno y ha recogido el afecto de los suyos en los mítines -ayer en Zaragoza, el sábado en Valencia-.

Incluso ha logrado que la valoración ciudadana haya mejorado ligeramente, gracias a que la sociedad española suele premiar el desapego al poder.

Sin embargo, aunque debiera ser compartida con los presidentes autonómicos, la herencia que deja ZP está resultando insalvable para el PSOE, que, superado el ecuador de la campaña electoral, no logra movilizar a una gran parte de su electorado, y que, salvo sorpresa mayúscula, se enfrenta al peor desastre electoral que nunca haya sufrido desde la restauración democrática, tal como apuntan las últimas encuestas.

El desempleo es un obstáculo insuperable para un partido que ha logrado meter más miedo que la derecha con los casi cinco millones de parados de ese suma y sigue infernal.

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