Cerca de las estrellas (de verdad)

Perfil de Pedro Duque, ministro de Ciencia, Innovación y Universidades

El astronauta Pedro Duque se convierte en ministro al frente de una necesaria innovación y renovación científica en nuestro país

Pedro Duque.
Pedro Duque. / EFE
F.A.Gallardo

06 de junio 2018 - 15:31

Ni la robótica se presiente como la amenaza para el desarrollo social ni la investigación una actividad ajena a las inquietudes hispánicas. Como si fuera imprescindible que una figura conocida señale el camino real hacia el siglo XXI, el nombramiento del astronauta Pedro Duque como ministro de Ciencia, Innovación y Universidades ha sido una noticia recibida con verdadera ilusión y esperanza, tanto dentro de los sectores implicados como en la sociedad española en general.

Duque fue el primer astronauta con nacionalidad española, logro alcanzado tras un prolongado proceso de selección y preparación, entre una inmensa competencia internacional, lo más alejado de esta España de los másteres de plastilina. El madrileño, nacido en 1963 y criado en el humilde barrio de San Blas, es un ejemplo nacional de firmeza y voluntad, pertenece a la generación que se crió entre fantasías cosmonáuticas y un futuro espacial que no llegó a cristalizarse como preveían los augurios de los años 60, cuando Duque asistió asombrado a la conquista lunar de Armstrong, Collin y Aldrin. El futuro no terminó de encararse aprisa hacia la estrellas pero la presencia del ahora ministro en la primera fila de la Agencia Espacial Europea fue todo un hito.

Se licenció en 1986 en Ingeniería Aeronáutica por la Universidad Politécnica de Madrid y con su bagaje en formación se incorporó a la agencia tras leer un anuncio en 1992. En 1998 formaba parte de la expedición del Discovery y regresó al espacio en 2003, en una nave rusa Soyuz con destino a la Estación Espacial Internacional, dentro de la Misión Cervantes.

Casado y padre de tres hijos, regresó a la universidad donde se formó y en 2006 se puso al frente de la empresa Deimos Imaging, nombre que homenajea a una de los minúsuculas lunas marcianas, que puso en órbita en 2009 el primer satélite español de observacion el Deimos-1. Tras ser presidente ejecutivo de la compañía, en 2011 regresó a la agencia europea.

Al anunciarse que será ministro, se acordó de su madre y rescató una viñeta de Forges donde una Blasa le dice a su hijo: "jomío, recuerdas que los cargos los carga el diablo", sabedor de lo imposible que puede suponer tomar un timón encallado.

Su nombramiento es en sí un reconocimiento a los desafíos interrumpidos del I+D español. A las carencias en investigación que sufre España con la disminución de inversiones privadas y públicas durante los picos de la crisis y el abandono de vocaciones científicas o docentes con una situación depresiva que obligó a hacer las maletas a muchos profesionales y estudiantes.

Duque, inquieto conferenciante y convencido divulgador, ha llegado a ser colaborador del programa El Hormiguero para divulgar la ciencia a ras de suelo, él que es experto en cielos y estrellas. Es ariete de esa conciencia renovadora en contra del desánimo y la apatía, dispuesto a mejorar la clasificación de inversión científica que nos sitúa en el 18º país del mundo y con un 1,19% del PIB que está bien lejos del 4,3% de Corea del Sur. La ciencia como motor de un país más fuerte. A fin de cuentas, I+D es igual a futuro.

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