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La mayoría de los presos de ETA apuesta por abandonar la violencia

Un sondeo encargado por Txeroki revela que la entrega de armas gana terreno entre los 593 reclusos de la banda · Los últimos golpes policiales y la inexperiencia de los comandos abren el debate interno

Familiares y miembros de Askatasuna, la red de apoyo a los presos de ETA, portan pancartas con sus rostros.
Efe / Madrid

09 de agosto 2008 - 05:05

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La mayoría de los presos de ETA aboga por dejar definitivamente las armas y comenzar a negociar su salida de prisión, tal y como revela un sondeo que la dirección de la banda ha realizado entre los reclusos de la organización terrorista. La vuelta a la violencia de ETA tras el alto el fuego ha propiciado este sondeo realizado entre los 593 etarras encarcelados -el mayor número de reclusos de la organización terrorista en la historia, según fuentes penitenciarias-, repartidos por 53 cárceles españolas.

Los investigadores en materia antiterrorista han acreditado que la encuesta fue ordenada por el jefe del aparato militar Garikoitz Aspiazu, alias Txeroki. Ese sondeo sobre cómo debe evolucionar la estrategia de la banda en el futuro ya tiene una primera conclusión: en la mayoría de presos comienza a imponerse la postura que apuesta por deponer las armas y negociar su excarcelación.

Los últimos golpes policiales a la banda y sus comandos en Francia y en España, así como la falta de experiencia y preparación de los integrantes de los grupos, han sido una de las causas que han propiciado que desde la cúpula de ETA se abriera ese debate, según las fuentes consultadas.

El debate ha venido suscitado también por las "presiones" surgidas en el interior de las cárceles, por las reivindicaciones de las asociaciones de familiares de presos, así como de ciertos sectores de la izquierda abertzale, que se inclinan por el abandono definitivo de las armas.

Pero, ¿cómo interpretar esta consulta a los presos por parte de la dirección etarra? Los investigadores creen que se trata de "un gesto" hacia un colectivo que había puesto muchas esperanzas en el "proceso de negociación" abierto con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Los presos, al margen de sus reivindicaciones históricas, vieron en ese diálogo una puerta abierta a su excarcelación y el hecho de que no fructificara dio carpetazo a todas sus expectativas. "Un gesto", según sostienen las mismas fuentes, para trasladar al colectivo de presos el mensaje de que "se les tiene en cuenta" después de un periodo de tiempo en el que la banda ha antepuesto la búsqueda de "un acuerdo político" al devenir de sus reclusos.

Pero no es la primera vez que ETA intenta "pulsar" el ánimo de sus presos y que un importante número de reclusos etarras rechaza los métodos violentos de la organización terrorista, aunque en algunos casos, cuando lo han hecho en voz alta, les ha costado su expulsión. José Luis Álvarez Santacristina, alias Txelis, uno de los integrantes del llamado colectivo Artapalo -nombre que recibía la cúpula de ETA desarticulada en Bidart en 1992 y que dirigió la organización en su etapa más sangrienta-, fue expulsado de la banda en 1998 tras publicar una carta a favor del fin de ETA.

El pasado mes de diciembre Txelis y Kepa Pikabea, actualmente en prisión, fueron expulsados del Colectivo de Presos Vascos (EPPK) por no someterse a las directrices de esta asociación y adoptar iniciativas de origen particular. Otro miembro del colectivo Artapalo, Francisco Múgica Garmendia, alias Pakito, número uno durante 15 años, fue también expulsado tras firmar una carta en la que apostaba, junto a otros cinco históricos de la organización, por el final de la violencia.

Pakito, Ignacio Aracama, alias Makario, Ignacio Bilbao, alias Iñaki de Lemona, Carlos Almorza Arrieta, Kepa Solana Arrondo y Koldo Aparicio Benito aseguraban en la misiva que "esta lucha armada que desarrollamos hoy en día no sirve", cuando "se es tan vulnerable a la represión", por lo que abogaban por explotar "nuestro capital y potencial político".

Presos "de peso" que se unen a una larga lista de disidentes que no ha dejado de crecer, pese a los intentos de la banda por mantener la cohesión interna, incluido el asesinato en 1987 de su ex militante María Dolores González Catarain, alias Yoyes, quien decidió regresar al País Vasco desde México desafiando a la organización.

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