Pactos para la investidura Pablo Iglesias tira del carro de Pedro Sánchez para que se pliegue ante ERC

  • El líder de Unidas Podemos presiona al socialista para que acepte la mesa de negociación que exige ERC para posibilitar su investidura

  • Pablo Casado se la niega, le ofrece estabilidad con apoyos puntuales y sigue echando leña al fuego del conflicto catalán

El secretario general de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, este jueves en una charla con universitarios en Madrid sobre la lucha antifascista. El secretario general de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, este jueves en una charla con universitarios en Madrid sobre la lucha antifascista.

El secretario general de Unidas Podemos, Pablo Iglesias, este jueves en una charla con universitarios en Madrid sobre la lucha antifascista. / Marta Fernández Jara (Europa Press)

Pedro Sánchez se está metiendo en un callejón sin salida, entre dos aguas bravas.

Por un lado, la derecha, que mantiene el bloqueo atado y bien atado, al rechazar de plano su investidura, aunque Pablo Casado le brinda acuerdos puntuales sobre cuestiones de Estado que hagan posible la gobernabilidad, mientras los empresarios apuestan de forma apenas velada por un replanteamiento de la posición socialista tras su súbito volantazo a raíz de las elecciones generales del 10-N. 

El líder del PP muestra un espíritu colaboracionista, pero sigue echando leña al fuego del conflicto catalán. Desde Zagreb, ha advertido este jueves de que un problema con el nacionalismo en cualquier Estado de la UE, como el de Cataluña en España, es "un problema de toda Europa" porque el nacionalismo es "puro veneno" que hay que derrotar con los instrumentos del derecho y "sin titubeos".

Al otro lado, ERC, que se ha erigido como pieza fundamental para el puzle de una investidura que, por mucho optimismo que se gasten el PSOE y Unidas Podemos, está hoy por hoy en el limbo.

Desde el 10-N, las dos partes han ido cediendo, pero la cuerda sigue muy tensa.

Sánchez ha aparcado la propuesta que venía defendiendo estos últimos meses de penalizar las convocatorias de referéndums ilegales y ha sustituido la expresión "crisis de convivencia, no de independencia" por la "conflicto político", como proclaman los secesionistas, en línea con la Declaración de Pedralbes que suscribió Sánchez con el president Torra el pasado diciembre. 

ERC también ha dejado en la sombra su reclamación de indultos para los que considera "presos políticos" y la de diálogo bilateral entre Moncloa y la Generalitat, pero mantiene incombustible su demanda de una mesa de partidos a nivel nacional. Hasta el punto de que va a hacer de ella el caballo de batalla en su negociación con Sánchez para apoyar de refilón su investidura con una abstención al plantearla como condición insoslayable en la consulta que hará a su militancia sobre la oportunidad de poner la alfombra del poder a los socialistas.

Las bases de ERC están llamados el lunes a responder la siguiente pregunta: "¿Está de acuerdo con rechazar la investidura de Pedro Sánchez si previamente no hay un acuerdo político con el Estado a través de una mesa de negociación?". Por tanto, o hay una mesa o no habrá investidura.

El relator dinamitó todo

Fue precisamente la aceptación de una mesa de partidos nivel nacional fuera de las instituciones con la intempestiva figura de un relator -que convulsionó al PSOE, donde se alzaron voces contrarias a encauzar el diálogo sobre el conflicto catalán fuera del Parlamento-, lo que hizo trizas el proyecto de Presupuestos Generales del Estado que diseñó Sánchez con Pablo Iglesias durante el verano de 2018 y que abocó a los españoles a la doble convocatoria electoral de abril y noviembre.

Ahora vuelve a estar sobre la mesa. Y el flamante vicepresidente in pectore del hipotético Gobierno progresista en ciernes ya está tirando del carro socialista.

Cuando se le preguntó a Sánchez el pasado martes 14 de noviembre sobre si ve conveniente recuperar la mesa de partidos extraparlamentaria que reclaman los independentistas, el líder socialista subrayó que ese diálogo ha de darse en primer lugar en el seno del Parlament. No quiere empezar la casa por el tejado.

"Lógicamente los primeros que tienen que hablar son los catalanes. Hay una mesa en el Parlament que tiene que ser activada por los líderes independentistas, que tienen que hablar con la parte no independentista que hay en Cataluña".

Hay un compromiso de lealtad por parte de Iglesias a Sánchez, pero ello no es óbice para que el líder de Unidas Podemos presione al candidato socialista a la investidura para que acepte esa mesa de negociación que reclama ERC. "El Gobierno asumirá el diálogo como un eje fundamental de su acción política y de esta forma encarará el problema de la plurinacionalidad en España y el diálogo en Cataluña", ha dicho este jueves Iglesias después de una semana de mutismo.

Después de decantarse esta vez sin los ambages que exhibió tras el 28-A por la opción de formar Gobierno por la izquierda y despreciando el apoyo envenenado que le ofrece ahora Casado para la gobernabilidad, Sánchez va a tener un gran problema, crítico, de supervivencia política, si finalmente ERC le da la espalda y el bloqueo aboca a los sufridos electores a unas terceras elecciones generales en un año, lo que no hay líder más votado que lo aguante.

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