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El parte médico no alivia la tensión

Sesión de control El caso Palma Arena llega al Congreso

17 de septiembre 2009 - 05:05

LA sesión de control al Gobierno arrancó con un parte médico parlamentario en toda regla, pero sin ningún caso de gripe A entre sus señorías. El presidente del Congreso, José Bono, anunció que la pregunta que debía plantear el portavoz de CiU, Josep Antoni Duran i Lleida, enfermo (por la tarde presidió la Comisión de Asuntos Exteriores), al presidente del Gobierno sería formulada por Josep Sánchez Llibre (curiosamente el hermano del presidente del Espanyol llegó a la Cámara Baja en muletas). Asimismo, Bono informó que la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, operada la víspera de urgencia de una oclusión intestinal (tiene para una semana larga), no podría contestar la pregunta que todos los miércoles le formula la portavoz popular, Soraya Sáenz de Santamaría, que cortésmente aceptó posponerla. El ex ministro de Defensa, que no deja pasar ni una oportunidad para apostillar con su verbo florido y sus ocurrencias, advirtió que "ninguna rumorología estaría justificada sobre la base del hecho que les anuncio, perfectamente cierto y que no merece sino el respeto y el deseo de que ambos se restablezcan".

El parte médico parlamentario no sirvió para ablandar a sus señorías, que desde el primer segundo del control se lanzaron al cuello del Gobierno. El portavoz de IU, Gaspar Llamazares, quiso saber por qué quiere Zapatero enviar tropas a Afganistán cuando "cada vez más ciudadanos piden nuestra retirada". El presidente se puso el traje atlantista, se refugió en la seguridad de los soldados españoles y en la legalidad de esta guerra y esgrimió el esfuerzo humanitario de España: 150 kilómetros de carreteras, una terminal en el aeropuerto, 30.000 plazas escolares, agua potable, etcétera. Tras la refriega belicista con Llamazares, Zapatero se enfrentó en bloque a las preguntas de Sánchez Llibre y Rajoy, que giraron, lógicamente, en torno a la anunciada subida de impuestos. El presidente despachó al catalán -que insistió en que la reforma impositiva era un "grave error"- con el traje de cobrador del frac: "Como usted sabe, gobernar es tomar decisiones, una veces son más amables, otras exigen más compromiso y más responsabilidad".

Con Rajoy, que ha apostado definitivamente por esperar a que Zapatero se cocine en su propia salsa, éste tuvo que recurrir a Aznar para subrayar que la presión fiscal actual está un 1,7% por debajo de la que dejó el presidente de honor del PP, y defendió la reforma impositiva en aras de las políticas sociales. El líder de la oposición reaccionó con reflejos: "Su política social son 4.300.000 parados, el doble de tasa de paro que la UE". Y volvió a golpearle en su propensión a estar "todo el día improvisando".

Después de la batería de preguntas a la vicepresidenta segunda, Elena Salgado, le llegó el turno al vicepresidente tercero, Manuel Chaves, que se enfrentó a los populares andaluces Celia Villalobos y José Manuel Moreno Bonilla. La ex ministra de Sanidad le pidió que disolviera el Ayuntamiento de Estepona y su compañero le solicitó un diagnóstico sobre el Pacto Antitransfuguismo a propósito de la moción de censura en Benidorm. En esta ocasión, Chaves lo tuvo relativamente fácil: a Villalobos le recordó que en Estepona el PP está votando con los concejales imputados en el caso Astapa y a Moreno Bonilla que Zaplana llegó a ser presidente de la Generalitat valenciana tras arrebatar al PSOE la alcaldía de Benidorm merced al voto de un tránsfuga socialista.

El PP, con un Ricardo Tarno pertinaz y más preparado, insistió en llevar de nuevo el caso Mercasevilla al Congreso. Esta vez, le respondió el ministro de Justicia, Francisco Caamaño, que le dejó claro que el caso Gürtel es harina de otro costal, como pudo comprobar Javier Arenas, que anduvo por la Cámara Baja.

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