Un Partido partido
Opinión
El autor, catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Sevilla, analiza la fuerte crisis interna que sufre el Partido Popular
Literalmente hecho añicos, merced a un cainita y zafio combate en el que solo un adversario sobrevivirá, o hasta ninguno, pero no habrá prisioneros más que seguramente España que caerá en el cautiverio y al albur de una izquierda inepta y corrupta. No pensé que tan pronto hubiera de volver sobre lo que hace poco escribí, pero cuando la guerra es inoportuna y cobarde, el triunfo no brindará a nadie la gloria. A Vd., Sr. Casado, le sobra ya hasta la escoba.
Jamás fui ni seré nunca militante de partido alguno. Mi libertad no está en el mercado, porque mi opinión es tan sólo mía y por ella hasta he perdido amigos que nunca lo fueron. Por eso soy libre de opinar y creo no sólo que Casado se ha convertido en el mejor socio de Sánchez, al que ha ido allanando el terreno arremetiendo contra todo el que le molestara, Cayetana, Abascal, Mañueco, Ayuso, y los que caigan. Eso, sin dejar de pensar que no haya actuado a dicterios de la propia Moncloa con tal de conservar su particular jardín para, en su insana arrogancia, morir matando. Pero es que también se ha convertido en el mejor discípulo de Groucho Marx para quien la política es “el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar los remedios equivocados”. De tales socio y maestro, su insensata y vil hazaña ha hecho surgir dos claros vencedores: el propio Sánchez, tras cuatro grotescos fracasos continuados, y Abascal que, quién sabe si con razón, ya hasta se atreve a soñar con el sorpasso.
Nada hay peor que desconocer la propia historia, ser infiel a los orígenes, que en el caso del PP fue la unión integradora de AP y UCD. Pero la coherencia exige honestidad, moralidad y ejemplaridad. Si moral y política nunca se cohonestaron, cuando a ellas se une la debilidad ocurre lo que cínicamente un viejo maestro afirmara “sólo cuando no sepas lo que quieres, haz lo que te dicte tu conciencia”. El problema es cuando no se es capaz de oír a la propia conciencia, tal vez porque se carezca de ella, olvidando que el temor es la madre de la moralidad, en tanto la ejemplaridad se sustenta en la actitud y el talante. Pero ¿cómo esperar orden y ejemplaridad para España de quien ignora cómo hacerlo en su cueva?. Por cierto permítame recordarle que, ni fuera ni dentro, hay “casado” que mande en su casa frente a una mujer. Tome nota.
Lo que está fuera de cuestión es que la política tiene que dejarse a los adultos y Casado nunca supo qué quería, qué debería y qué podría hacer porque aún no se ha despojado de la cara y la mentalidad de NNGG. Con su compañero de viaje, el PP se ha convertido en el PPgoteras y Egea en Otilio, aseverando el aserto de que en ocasiones el ridículo es más molesto que el pecado. Teodoro sólo es un mamporrero mediocre, igual que Carromero, expertos lanzadores de huesos de aceitunas y bolos respectivamente, ambos arquetipos peperos, machistas que no soportarían que una mujer los venza y abochorne. Así ocurrió ya con Aguirre, Cifuentes, Barberá, San Gil, Cayetana o Ayuso. Unos taimados gestaperos, que lo destapan todo nada más arrasar la última en Madrid, la única capaz de frenar a Sánchez y echar a Iglesias.
Hace tiempo que España es un pastizal por mucho que no falten esforzados bomberos que traten de sofocar el incendio, tras hacerlo exitosamente en sus territorios. Pero no menos cierto es que algunos de ellos se están pisando la manguera, ya sea desinteresándose de ¿ruidos ajenos?, ya permaneciendo inmóvil de perfil cuando de una vez debe dar la cara, ya debatiéndose entre el ser o no ser él mismo en su propio feudo. Y claro, cuidado, porque de grupo a grupúsculos hay muy poco trecho y no vaya a ser que la icónica gaviota se convierta en halcón feroz disfrazado de buitre.
Autoridad y Auctoritas no son lo mismo, Sr. Casado y Vd. abusa de la primera por carecer de la segunda. Ponga orden, pida disculpas o dé ejemplo, porque igual que se dijo de Cayetana, ahora se dice que Ayuso aterrizará en Vox y se produzca o no ese hecho, desde luego indeseado, sólo será consecuencia de la gravísima decepción que para millones de españoles habrá supuesto su trayectoria. Aunque no lo crea, todos acabamos conociendo a quienes nos gobiernan, leemos sus programas y algún día aprenderemos que se debe votar al que menos promete porque al cabo será el que menos nos decepcione. De lo que no hay duda es de que, mejor sin que con Vd., una gran derecha tiene que rearmarse si quiere lograr el único y principal objetivo que hoy por hoy nos alienta a todos. Es su última oportunidad por más que no la merezca y aunque, fuera cual fuera el motor de ésta lamentable historia, al final, como siempre, apenas pase nada, eso será lo peor pues todo se habrá cerrado en falso.
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