La Ventana
Luis Carlos Peris
Debut rico en dudas
Pepín castillo
Afirma que, prácticamente desde que nació, tuvo claro que su destino era el mundo de la moda. Un sector al que este inquieto sevillano ha dedicado la mayor parte de su tiempo y donde ha recogido excelentes críticas por un impecable trabajo alabado allá por donde ha sido visto. Nacido en 1931 -"que la gente ajusten las cuentas", afirma él-, Pepín Castillo ha sabido crear un estilo propio reflejado en la exposición que, a partir de mañana martes, se tendrá oportunidad de disfrutar en la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de su ciudad. Allí, más de 40 diseños se han mezclado con varios cuadros y esculturas realizados también por un hombre por cuyas manos han pasado grandes figuras como las irrepetibles Lola Flores o Juana Reina (junto a la que permaneció nada más y nada menos que cuatro décadas). Sin embargo, ¿qué es el paso del tiempo para un genio como nuestro entrevistado?
-Usted ha sido pionero en muchas cosas como, por ejemplo, la presentación de colecciones en Sevilla…
-Sí. Fue en 1951 en el Hotel Madrid y resultó un éxito absoluto. Saqué sesenta trajes y, a partir de ahí, muchas miradas se fijaron en mí. Mi cabeza siempre ha sido muy fuerte, y ha llegado muy lejos a la hora de imaginar. Me he puesto por montera lo que pensara la gente porque esto ha sido algo que viene conmigo desde que era un niño. Empecé ayudando a las chicas que vivían en mi casa con su ropa. Luego me metí en tiendas de costura y, posteriormente, en una firma de tejidos como escaparatista. Ahí me introduje ya en la costura aunque con la idea fija de ir a Francia a aprender más.
-¿Y lo hizo?
-Claro. Un mes de Enero, cuando tenía 20 años, aproveché que estaban las costureras de vacaciones y me planté en París. Quería acercarme a las grandes marcas…
-¿Le apoyaron sus padres?
-¡Qué va! Es más, al principio me puse, en lo que era el carné de identidad de la época, "sastre" (para no decir "modisto"). La sociedad ha cambiado bastante aunque, cuando yo dije "aquí estoy yo", no me importó nada ni nadie.
-¿Cuál piensa que es el santo y seña del estilo de Pepín Castillo?
-No sé. Lo mismo hago una novedad en el flamenco que me inclino por algo actual. Como me comentó un político: "No tengo caducidad". La gente me cataloga por el glamour y la clase. Aparte, creo que he logrado un sello que, enseguida, se reconoce.
-¿Contempla la retirada?
-A ver… Llevo sesenta años en esto… ¿Cuándo piensas que debe tocarme? (risas). Fuera de bromas, no desearía dejarlo aunque está claro que no puedo con la misma intensidad de antes. Los remos de tu cuerpo piden que aminores el ritmo. Sin embargo, la costura ha sido mi vida. Los hilos, la mesa, las agujas se han convertido en mi mujer y mis hijos.
-¿Se siente entonces profeta en su tierra?
-Sí, sí. Mucho. Lo que otros no han sabido jamás en su vida lo que es. Pero en general, ¿eh? A mí me conocen en Sevilla, en Madrid, en Barcelona…
-Es que, además, ha vestido a muchas figuras muy populares, ¿verdad?
-Menos a la Pantoja y a Rocío, a todas. Con Lola estuve 14 años y, con Juanita, 40. El problema es que yo no he sabido ir a venderme ni me doy fácilmente. Han tenido que ser ellas las que me llamaran y las que, en cierta forma, estuvieran dispuestas a recibir los consejos que, como profesional, tuviera que darles. La última en venir fue María José Santiago y, a su lado, llevo casi 30 años.
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