La ventana
Luis Carlos Peris
¿Dará el sí Morante?
Blanca Marsillach
Heredera del amor por el teatro del mítico Adolfo Marsillach, Blanca es, además, una persona comprometida con causas sociales como las de las mujeres maltratadas o el medioambiente. Una temática, ésta última, en torno a la que se articula la función infantil El toro y el banquero la cual se presenta en Sevilla a través de un evento donde los niños podrán fotografiarse, a las siete de la tarde en el concesionario Dicar Citröen de Mairena del Aljarafe, con los personajes protagonistas. Aparte, la actriz gira con Una noche blanca con los clásicos -en la que, gracias a la técnica, recita poemas con su recordado padre-, y produce Loca, una historia que reivindica la independencia femenina.
-Tiene muchos frentes abiertos, ¿no? ¿Por qué momento vital pasa?
-Por uno un poco… pasiva agresiva (risas). A verlas venir… Estoy dejando que la reflexión funcione y no me precipito a tomar una decisión porque sí. Hay que pensar si debemos cambiar, si somos coherentes, a quién estamos haciendo feliz…
-¿Usted lo es?
-Bueno, no sé si la felicidad existe pero sí soy vibrante. Mientras vibras pueden suceder cosas y evolucionas. Cuando no pasa nada, estás muerto. Es la vida en sí misma. Conflictos, dudas… No creo en la felicidad plena.
-¿Qué tipo de mujer es Blanca Marsillach?
-Pues una como todas. Con sus dudas y miedos y sus fortalezas y coraje para enfrentarme a lo que, a veces, es una lucha diaria.
-¿Y de qué forma se vence esa lucha?
-No parando. Mirando atentamente cuál es tu parte de responsabilidad en lo que te pasa. Solo puedes cambiar lo que está en ti.
-¿Se ha caído en muchas ocasiones?
-En muchas. Pero con las mismas que me vengo abajo, salgo adelante. Eso sí, cada vez me derrumbo menos y cuesta más levantarse. Ya ni las caídas son tan fuertes, ni las euforias tan grandes.
-¿Y los hombres? ¿Cuál es su lugar en todo esto?
-¡Oh! (suspira y ríe). Me parecen unos bichos muy interesantes y muy simples. Si les sabes manejar, es muy cómodo. Con ellas es más ambiguo.
-¿Se lleva, por tanto, mejor con los chicos?
-En la vida cotidiana, sí. En la espiritual, en los sentimientos, en el alma, no.
-Porque, todos los sacrificios que hace por el teatro, ¿merecen la pena?
-Si me llamas dentro de dos meses, te lo puedo contestar… Marzo es un mes donde tengo muchísimos compromisos que me agobian y puedo decirte algo de lo que, luego, me arrepienta (risas).
-23 de Marzo… Su aniversario… ¿Acepta bien el paso del tiempo?
-Sí, me siento fenomenal. Soy muy vital, deportista, presumida… Como el buen vino (risas).
-¿Cuál será su regalo?
-Un masaje de hora y media. Me duele todo el cuerpo (risas).
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