Opinión

Los otros virus

  • El autor pide altura de miras, mensajes de esperanza y que todos los esfuerzos de dirijan a acabar con la pandemia de coronavirus

José Antonio Bosch. Abogado José Antonio Bosch. Abogado

José Antonio Bosch. Abogado

Formo parte de ese grupo de españoles que tenemos en común reconocer nuestra falta de conocimientos de cómo poner fin a una pandemia; de los que carecemos de conocimientos sobre la logística farmacéutica internacional; de los que no sabemos cuáles son las medidas más eficaces a adoptar por el Gobierno en esta lucha contra los virus; de ese grupo que, por conocer nuestras limitaciones, no opinamos sobre lo que no sabemos ni tratamos de imponer nuestras infundadas opiniones a los demás.

Son tiempos de virus y no sé si, además del COVID-19, están circulando libremente los virus de la estupidez, la necedad y el cretinismo, pero lo cierto es que día tras día me sorprendo con declaraciones y opiniones de personajes de todo tipo. Resulta insultante que, con la información de la que hoy disponemos, se diga lo que se debería de haber hecho en tiempos en los que se carecía de esa información; resulta tan ridículo, como la posición de aquéllos que los lunes, tras conocer los resultados de los partidos del fin de semana, presumen de que si hubiesen hecho una quiniela la hubiesen acertado y tachan de ignorantes a los que no lograron el pleno.

Me resulta increíble que, con la que está cayendo, y lo que es peor la que queda por caer, haya personajes públicos que dediquen su tiempo y su energía a tratar de convencernos de quién es el más listo y de quién lo hubiese hecho mejor y, de paso, poner “a caldo” al contrario.

En la situación actual, la prioridad de la gente normal es que, cuanto antes, se gane la batalla a la epidemia. A ello queremos que se dirijan todos los esfuerzos de los que les ha tocado en este momento, porque así lo decidimos los ciudadanos en las últimas elecciones, estar al frente de esa lucha, tanto desde el Gobierno del Estado como desde los gobiernos autonómicos, y por eso nos repugna que alguien trate de sacar partido de esta situación, que nos intoxiquen, que nos den datos falsos, …etc.

Pero además de ganar la batalla a la pandemia, queremos que mientras tanto no caigan en el olvido los miles y miles de compatriotas que ya antes del Estado de Alarma vivían en situación de precariedad y que el coronavirus está conduciendo al borde de un abismo del que no se puede salir sin ayuda externa, ni tampoco aquellos a los que esta extraña situación en la que vivimos les está llevando al mismo lugar.

Soy rabiosamente consciente de cómo, medida tras medida, se van limitando y suspendiendo derechos y libertades que los ciudadanos tenemos reconocidos en nuestra Carta Magna, entre otros a la libre circulación, a la propiedad privada, a la libre empresa, al trabajo, a la privacidad, a la intimidad, … y una larga lista de derechos y libertades que se están viendo y se verán alteradas por la normativa de urgencia que cada mañana publica el BOE, pero no es momento de palabrería hueca, de frases para titular de prensa o de tweets explosivos.

Los ciudadanos y ciudadanas de este país necesitamos que se nos diga la verdad, por dura que sea, pero a la vez que se dé ánimos, que se nos trasmita esperanza, que se nos señale la luz que alumbra la salida del túnel. Nos sobran los datos falsos, las noticias tergiversadas, las frases ingeniosas pero vacías, las acusaciones entre administraciones, los reproches entre dirigentes políticos, … etc.

Siempre he mantenido un sentido crítico que, a pesar de la pandemia, no he perdido, pero creo que hay un sitio y un tiempo para casi todo. Por supuesto que tengo miedo de que alguna de las medidas que hoy se anuncian como necesarias (control y seguimiento de los ciudadanos a través de sus móviles, la geolocalización, etc.), con los virus del autoritarismo reaccionario que nos invaden, vengan para quedarse, pero ahí, precisamente ahí, espero que todos los ciudadanos estemos atentos y atentas en la defensa de nuestros derechos civiles. Espero que, desde los medios de comunicación, desde las organizaciones sociales, desde los partidos políticos, desde todos los sectores no permitamos ni un paso atrás en los derechos conquistados.

No quiero un Gobierno sin control, para eso están los mecanismos constitucionales incluso en situación de alarma, pero me agota, me desmoraliza que en la actual situación se dediquen esfuerzos a peleas de patio. Me asquea que, incluso en el momento actual, haya quién su máxima preocupación siga siendo los réditos electorales. Es momento de generosidad y estoy seguro de que, igual que aplaudimos a nuestros sanitarios y sanitarias que cuidan de nuestra salud y a todos aquellos que están haciendo con su trabajo y dedicación que sea posible nuestro confinamiento, terminaremos aplaudiendo a aquéllos y aquéllas que tuvieron la altura de miras de poner por encima de los intereses de su partido los intereses de sus compatriotas. 

Ignoro cuándo y cómo terminará la pandemia y cuales serán los efectos finales de la misma en nuestra vida, en nuestra salud y nuestra economía, pero tengo claro que, cuando esto termine, si es que hemos aprendido algo de la experiencia, algunas o muchas cosas deberán de cambiar y, entonces, a la vista de un balance total, a la vista de una cuenta de resultados, podremos pasar factura o conceder los reconocimientos a cada uno.

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