Atropello mortal

Cuatro años de cárcel a un conductor ebrio que mató a un hombre y dejó grave a su hijo

  • Iba a tal velocidad que “lanzó” a una víctima a 19 metros y su coche “voló” sobre una isleta

  • Como profesional sanitario, su conducta fue “mas reprochable” por abandonar a las víctimas 

Estado en que quedó el coche accidentado tras su última colisión Estado en que quedó el coche accidentado tras su última colisión

Estado en que quedó el coche accidentado tras su última colisión / Emergencias Sevilla

El juzgado penal 8 de Sevilla ha condenado a cuatro años de cárcel a un hombre de 28 años que atropelló a un padre y a su hijo cuando conducía con triple alcoholemia de la permitida, a velocidad excesiva y mientras usaba el móvil. El padre falleció y su hijo, de 28 años, sufrió la amputación de un pie y otras graves lesiones.

El accidente ocurrió sobre las 23.15 horas del 4 de febrero de 2017 en la calle Gruta de las Maravillas de Sevilla Este. El conductor Rafael R.G. perdió el control de su vehículo, chocó con un bordillo y, con el coche descontrolado, se dirigió contra una gran isleta situada a  28 metros del primer impacto.

En el vértice se encontraban los dos  peatones atropellados: el padre “recibió un impacto brutal contra el parabrisas” y fue lanzado a 19 metros, y su hijo salió proyectado a 9 metros, según la sentencia facilitada a este periódico por el TSJA.

Tras ello se produjo el “vuelo” del vehículo sobre la isleta, que medía 32 metros, cruzó el carril de circulación e impactó contra otro coche que se encontraba estacionado a 42 metros del lugar del atropello, con tal fuerza que ambos vehículos quedaron con sus cuatro ruedas subidas en la acera en una zona ajardinada.

El acusado se apeó de su coche por la puerta del copiloto, uno de los testigos le vio mirar hacia donde se encontraban las víctimas y se marchó caminando hacia su domicilio “sin prestar la más mínima atención a las personas a las que había atropellado, siendo consciente de su existencia”, una actitud “mas reprochable” dada su profesión de auxiliar de enfermería, según la juez.

La sentencia afirma que el conductor “no tuvo mas remedio que percatarse del atropello” puesto que el padre se golpeó contra el parabrisas y en la zona existía suficiente luz.

Gracias a la descripción de los vecinos, la Policía localizó al acusado en el portal de su domicilio. Según la sentencia, en un primer momento negó los hechos y manifestó que le habían robado el coche aunque finalmente “se desmoronó”.  Una prueba de alcoholemia realizada 45 minutos después arrojó 0,72 mg de alcohol por litro de aire expirado, triple de lo autorizado.

La juez impone a Rafael dos años y medio de cárcel por un delito contra la seguridad vial y otro año y medio por omisión del deber de socorro, aplicando en ambos la atenuante de reparación del daño. Afirma que “es evidente” que cometió una imprudencia grave por la previa ingesta de alcohol y porque conducía distraído con el móvil ya que a las 23.14 horas empezó un flujo de llamadas y de mensajes de WhatsApp.

En cuanto a la velocidad, el perito de la acusación particular la situó en 94 km/hora. La sentencia no concreta esta cifra pero afirma que era superior a la permitida de 50 km/hora y en este caso “requería una mayor prudencia puesto que la calzada estaba mojada por la lluvia y era de noche, tratándose además de una zona residencial”.

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