El piano soviético | Crítica El horror y la propaganda

  • Un estudio sobre las relaciones entre música y poder despótico

Oistrakh, Shostakóvich y Richter en 1968, artistas tras el telón de acero. Oistrakh, Shostakóvich y Richter en 1968, artistas tras el telón de acero.

Oistrakh, Shostakóvich y Richter en 1968, artistas tras el telón de acero. / D.S.

El pianista Luca Ciammarughi (Milán, 1981) indaga en este libro sobre qué hay de realidad y qué de tópico en la existencia de una "escuela rusa" de piano y, más esquivo aún, qué significa eso del "alma rusa" y cómo puede afectar a un arte en esencia abstracto como el de la música. Su obra pone en el foco a decenas de pianistas soviéticos –entre ellos a muchos casi por completo desconocidos–, cuyo arte interpretativo es brevemente glosado, a menudo con útiles referencias a grabaciones discográficas.

El piano soviético - Luca Ciammarughi El piano soviético - Luca Ciammarughi

El piano soviético - Luca Ciammarughi

Con todo, el valor principal de este volumen es político. Se trata de un acercamiento a las relaciones entre el poder (siempre) arbitrario, (siempre) despótico del régimen surgido del golpe bolchevique de otoño de 1917 y los pianistas, una mirada a las humillaciones, los castigos y la opresión que sufrieron infinidad de artistas durante esa larga pesadilla de setenta años que conocemos con el nombre de URSS.

Desde las fugas nada más producirse el triunfo de Lenin, que cuentan entre otros a nombres míticos como Siloti, Liapunov, Lhévinne, Horowitz, Magaloff o Cherkassi, hasta el acoso al que fue sometido Andrei Gavrilov por el KGB ya en los años 70 y 80 (sólo un ejemplo entre otros muchos), la obra de Ciammarughi da cuenta del régimen de terror que instauraron las autoridades soviéticas para controlar los cuerpos y las mentes de sus súbditos. Asesinatos selectivos (a veces de familiares cercanos), destierros, encarcelamientos, privaciones materiales de todo tipo, amenazas, chantajes, presiones psicológicas, inducciones a la delación... eran métodos rutinarios para la extorsión y la aniquilación del disidente o del que simplemente pretendía afirmarse como individuo, si este era judío (el caso de la gran Mariya Grinberg resulta especialmente aterrador: su marido y su padre fusilados como "enemigos del pueblo"; por si no era suficiente, ella enviada a provincias a acompañar a compañías de ballet de aficionados) u homosexual (Shtarkman, Zemlianski, Egorov...) aún más crueles y arbitrarios. Sí, claro que en la URSS se implantó un sistema depuradísimo de captación y promoción del talento: con los pianistas como con los deportistas o los astronautas, como un simple medio de propaganda. Carne picada para vender las bondades del mal.

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