Mundo

Un presidente mohíno se niega a admitir la derrota

  • Trump peleará en los tribunales, pero la incógnita radica en su futuro judicial al perder la inmunidad

Trump saluda antes de entrar hoy en la Casa Blanca, donde llegó desde uno de sus campos de golf. Trump saluda antes de entrar hoy en la Casa Blanca, donde llegó desde uno de sus campos de golf.

Trump saluda antes de entrar hoy en la Casa Blanca, donde llegó desde uno de sus campos de golf. / Chris Kleponis / Efe

Donald Trump se negó ayer a conceder la derrota en las elecciones de EEUU, y siguió aferrado a una fútil estrategia legal para no aceptar el título que más ha temido a lo largo de su carrera, el de perdedor. El mandatario más polémico de la historia moderna de EEUU se convirtió ayer en el primer presidente de un solo mandato en casi tres décadas, desde 1992, en el momento en el que los principales medios de comunicación proyectaron la victoria de Joe Biden.

La noticia pilló a Trump en el club de golf que lleva su nombre en Virginia, a las afueras de Washington, mientras cientos de personas se congregaban fuera de la Casa Blanca para celebrar su revés.

En lugar de prender fuego a las redes sociales como habitualmente, un Trump más apagado emitió su única reacción en un comunicado, en el que proclamó que "esta elección está lejos de haber finalizado". "A partir del lunes, nuestra campaña empezará a defender nuestro caso en los tribunales para asegurar que las leyes electorales son completamente cumplidas y el ganador apropiado es proclamado", subrayó.

Trump cerraba así los ojos a la realidad de que su camino a la reelección se había cerrado en el momento en el que los medios de comunicación proyectaron que Biden se llevaría los 20 delegados de Pensilvania, un estado que necesitaba obligatoriamente para tener alguna opción de ganar.

Su reacción no sorprendió a quienes conocen bien a Trump, que nunca admite posibles fracasos y culpa de cualquier viento que no sople a su favor a las instituciones del país, los medios de comunicación o algún otro punto de un sistema supuestamente sesgado.

"Ganar es fácil. Perder nunca es fácil. Para mí no lo es", había reconocido Trump el mismo día de las elecciones, durante una visita a la sede de su campaña.

La mayoría de asesores del presidente comenzaron a finales de la semana a reconocer en privado que habían perdido, pero el propio Trump seguía sin ningún plan de dar un discurso de concesión, una tradición en el país. "Obviamente no va a conceder" la derrota, dijo su abogado, Rudy Giuliani, ayer en Filadelfia (Pensilvania).

Sus aliados en la campaña, la Casa Blanca y la cadena Fox News empezaron el viernes a tratar de animarlo públicamente, al insistir en que si dejaba armoniosamente el poder, preservaría la enorme influencia que mantiene en buena parte del país.

No obstante, Trump parece saber que el favor de sus seguidores más incondicionales lo acompañará haga lo que haga, y cuando abandone la Casa Blanca en enero, lo hará como el candidato republicano más votado de la historia del país, al apoyarlo al menos siete millones de estadounidenses más que en 2016, y conseguir un récord de 70,3 millones de votos sólo superado por Biden, que obtuvo 74,5 millones.

El errático comportamiento de Trump y su constante desafío a las instituciones del país coincidieron con un periodo de expansión económica en EEUU, y hace un año muchos esperaban que ese único factor le garantizara la reelección, pero la pandemia se interpuso en su camino. El récord de votos por correo emitidos en estas elecciones –más de 65 millones, la mayoría favorables a Biden–, acabó convirtiéndose en la piedra en su zapato, y Trump intentó desacreditarlo por todos los medios.

Su campaña sigue enzarzada en una estrategia legal para interferir en el escrutinio de esos votos en varios estados clave, pero es altamente improbable que esas demandas consigan invalidar un amplio volumen de sufragios. A Trump no le bastaría con demostrar fraude ante los tribunales en un solo estado, sino que debería hacerlo en varios.

Las ínfimas perspectivas de que esas demandas le den la vuelta al mapa electoral espolearon el debate en EEUU sobre a qué se dedicará Trump una vez que abandone el poder el 20 de enero, cuando perderá la inmunidad legal que le garantiza el cargo de presidente. La Fiscalía de Nueva York sigue investigando si ha cometido delitos como fraude bancario y de seguros, y el presidente afronta deudas por valor de más de 400 millones de dólares, según The New York Times.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios