Cultura

ARCO 2014, un encuentro en el que predomina el rigor

  • La feria celebra una nueva edición con una selección sin efectismos y una generosa presencia de la pintura.

Mucho más feria que espectáculo. Así cabría resumir la presente edición de ARCO. Los amantes del impacto apenas encontrarán recompensa porque aun las piezas que pudieran ser llamativas evidencian en exceso ese deseo y por eso mismo desentonan: no llegan a encajar en un contexto donde domina el rigor.

Hay sin embargo un aspecto, a veces criticado, que la feria tampoco pierde en esta ocasión: su temple de exposición, algo que el aficionado agradece.

Particularmente satisfechos estarán los entusiastas del arte formal. En la galería Jorge Mara-La Ruche encontrarán piezas tan consagradas como las de Ana Sacerdote y la checa Kveta Pacovska, mientras Fernández Braso hace contrastar en su stand obras de Pablo Palazuelo y Julio Le Parc que, por su parte, ocupa en exclusiva el espacio Del Infinito al Arte. No es difícil por último tropezar con espléndidos trabajos de Elena Asins (Altxerri, Juana de Aizpuru), los cuidados análisis de forma de Pablo Valbuena (Max Estrella) o el poliedro de Ai Weiwei que hace algunos meses pudo verse en Sevilla (Ivory Press).

Menos abundantes son las direcciones conceptuales pero quizá más intensas. Pueden ir desde los trabajos típicamente políticos, como el de Daniel García Andújar relativo a los servicios secretos (Casa Sin Fin) hasta el de Simeón Sáiz (Fúcares) que muestra su disconformidad con el curso de la política dibujando un árbol de la Plaza de las Cortes, vuelto ostensiblemente de espaldas a la sede del poder legislativo. Otros trabajos reflexionan sobre el arte mismo (como Ángela de la Cruz que prolonga su crítica del soporte pictórico) y otros unen acertadamente palabra e imagen, como Javier Codesal, con una sucesión de imágenes poéticas que también cabría llamar aforismos visuales.

Ese mismo carácter conceptual tienen muchas de las fotografías expuestas, como las de los alemanes Struth y Ruff. Las de Cristina García Rodero (Juana de Aizpuru) brillan sin embargo como testimonio de la pobreza y la caducidad, mientras que unas antiguas imágenes de Manuel Laguillo (Casa Sin Fin) evocan el crecimiento a ciegas que las ciudades experimentaron en los años noventa.

No falta a la cita la pintura. Más bien acude con amplitud y generosidad. En ocasiones, volviendo de un pasado no demasiado lejano, como las excelentes obras de Lucio Muñoz que pueden verse en Marlborough o el potente cuadro de Campano que muestra Miguel Marcos, en cuyo stand hay además un concentrado cuadro de Juan Uslé. El aficionado a la pintura no debe perdonar la visita a Marlborough donde encontrará muchas ideas de pintura: las de Juan Navarro Baldeweg, Alberto Corazón, Carlos Franco y Alfonso Albacete, mientras que Alex Katz, David Salle y José María Yturralde abren un fértil intercambio en el stand de Javier López. La riqueza de ideas y posibilidades que la pintura ha ido acumulando a lo largo de su historia hace que ciertos autores construyan metáforas de alcance de las que la inteligencia del espectador avisado disfruta a la vez que su mirada recorre feliz el cuadro. La pintura puede ser velo, como propone Soledad Sevilla (galería +R), materia cuyos matices construyen el tiempo de la mirada (Javier Garcerá, galería Álvaro Alcázar) o confluencia de texturas y ritmos, como sugiere José Pedro Croft (Helga de Alvear).

Otro apartado de interés son los que cabría llamar clásicos de la modernidad. Diversas galerías compiten en este tipo de obras aunque a mi juicio hay de destacar de manera especial la de Leandro Navarro por el dibujo de Picasso, un apunte quizá para un laúd, fechado en 1911. Podrías verlo en una muestra y entonces formaría parte de una meditada propuesta, encajaría en un texto, el de la exposición. En una feria, una obra así, tiene el valor añadido del encuentro. Tropiezas con ella. Indudablemente no vas a comprarla. No tienes con qué. Pero es la recompensa al esfuerzo de la feria. Esta pieza, sin embargo, no es el único atractivo del stand de esta galería: hay además unos sugerentes dibujos de Schlemmer, el maestro de la Bauhaus, obras de Gris y Miró, un curioso dibujo de Dalí, a lo que se añade el vigor de Guerrero, el patetismo de Millares y la elegancia de Gerardo Rueda.

Queda hablar del país invitado, Finlandia. A diferencia de otros años en que las obras traídas podían venir de cualquier parte, esto es, de esa forma de arte tan correcta como aburrida, en esta edición encontramos a Leena Nio, nacida en 1982, que hace de la pintura metáfora de la fantasía que busca más allá de lo que se ofrece a la mirada (Galería Forsblom), Ville Andersson (Pernaja, Finlandia, 1986), que logra modelar espacios con un dibujo que logra tanto el ritmo de lo repentino como la duración de la podría llamarse paisaje (Galería Helsinki Contemporary). Añadamos a ambos un veterano, Jiri Geller (Showroom Helsinki) que pone un punto de humor en la feria no exento de cinismo.

La feria pues, a primera vista, sigue cumpliendo su papel de cita e intercambio. Podría sin duda llegar más lejos, pero quizá eso exija ciertos cambios. El de una formación artística que en vez de idolatrar el pasado se atreviera, sin más, a mirar el presente.

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