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Cultura

Antonio Susillo como presagio

  • El sevillano Francisco Robles obtiene el Premio Solar de Samaniego con su novela 'La maldición de los Montpensier'

"Aquel 22 de diciembre de 1896 empezaba a terminarse todo, y la infanta lo sabía. Lo había leído en aquel billete que le había pasado un criado fiel que pronto se dedicaría a profanar su memoria hablando mal de ella en los colmados del arrabal de Triana. Todo estaba cifrado en esa tinta negra como la noche que teñía de luto los cristales de las ventanas de un palacio que estaba maldito". En La maldición de los Montpensier, la ficción con la que el sevillano Francisco Robles ha ganado el II Premio Internacional de Novela Solar de Samaniego, el periodista y escritor toma el suicidio del escultor Antonio Susillo como premisa para contar el infortunio que acompañó a los duques de Montpensier en su estancia en Sevilla y reflexionar sobre el rumbo que habría tomado el país si los acontecimientos hubiesen sido distintos en aquella corte chica que los nobles instalaron en la ciudad. "La historia hubiese sido diferente si Montpensier hubiese sido rey", dice Robles, cuyo libro ya se puede encontrar en las librerías.

Antonio de Orleans, ya fallecido en el momento en el que arranca la novela, y la infanta María Luisa Fernanda encarnan en la obra de Robles el debate que vive un siglo XIX escindido entre la razón y la fe. Como describe el narrador en sus páginas, "María Luisa era una mujer religiosa, piadosa tirando a beata, se dedicaba a rezar de forma continua, como si en las oraciones estuviera el resorte que pudiera salvarla del infierno. Su esposo era todo lo contrario. Antonio de Orleans presumía de ser un racionalista confeso, un hijo de la Ilustración y de la Enciclopedia que recitaba a Voltaire".

En La maldición de los Montpensier, el suicidio de Antonio Susillo (Sevilla, 1857-1896) avivará esa tensión entre las creencias y la lógica, y la infanta acudirá al arzobispo Marcelo Spínola buscando la indulgencia para el artista en un tiempo en el que quienes se quitaban la vida no podían ser enterrados en sagrado. El escultor, que entre sus últimos encargos realizó la galería de sevillanos ilustres que corona el Palacio de San Telmo, la residencia de los duques de Montpensier, es retratado por Robles como un creador que soñó con ser "el Bécquer de la escultura" y que pese a todos los reconocimientos conseguidos nunca encontró el sosiego, torturado por sus ambiciones. "Eres importante aquí, en la ciudad que te vio nacer, pero no eres importante en los lugares adonde llegan los trenes como el que acaba de pasar. En París te quedaste a mitad de camino", se dice a sí mismo un desdoblado Susillo en los minutos previos a su autodestrucción, un hombre que asume con amargura que pese a sus virtudes no ha sabido avanzar. "No eres Rodin, Antonio. Y eso te pesa", se lamenta el personaje, que se reprocha: "Has sacado al bronce de la rigidez que le imprimían hasta ese momento tus colegas provincianos, pero el arte de este siglo que agoniza ya es otro".

Con esta novela Robles se convierte en el segundo ganador del Premio de Novela Solar de Samaniego, un galardón convocado por Solar de Samaniego -unas bodegas que cuentan con un antepasado ilustre en la literatura española como Félix María de Samaniego- y Algaida Editores, y que está dotado con 25.000 euros. Luis del Val, ganador en la pasada edición por La Transición perpetua y miembro del jurado de este año, explicó que las deliberaciones fueron sorprendentemente fáciles gracias a la calidad del borrador de Robles. "Hay jurados sencillos, otros complicados y otros complicadísimos. Se habla mucho de los políticos, pero cuando los escritores se juntan y cada uno tiene sus gustos... eso es un espectáculo que se alarga", admite. Pero Del Val, que decidió el fallo junto a Luis Alberto de Cuenca, Soledad Puértolas, Jesús Ferrero y José María Merino, detalló que "en esta ocasión estábamos en la mitad del plato de verduras de la cena y ya sabíamos qué novela era la ganadora".

Andrés Amorós, que acudió a la Rioja alavesa para defender el texto de Robles en la entrega del premio, señaló que lectura de La maldición de los Montpensier es "amenísima" y calificó la obra como "una novela histórica, pero también de misterio, de búsqueda, que tiene además de las personas reales que retrata un personaje encantador, un inspector de policía. En la narración no hay folclorismos, porque Robles es de los sevillanos que busca la sutileza, y aquí firma una reflexión desengañada sobre Sevilla y sobre España".

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