Arco 2109

Artistas descontentos con su realidad en una feria marcada por la crítica

  • Hasta el domingo Madrid acoge la nueva edición de la gran cita española con el arte contemporáneo, que tiene a Perú como país invitado

Obras de la peruana Teresa Burga que aúnan el indigenismo con los nuevos lenguajes. Obras de la peruana Teresa Burga que aúnan el indigenismo con los nuevos lenguajes.

Obras de la peruana Teresa Burga que aúnan el indigenismo con los nuevos lenguajes. / José Ramón Ladra

Llega a Madrid la 38 edición de Arco que un año más convierte a la capital española en un valorado polo de atracción para coleccionistas, galeristas, artistas y profesionales del arte de todo el mundo. La edición de 2019, que abre sus puertas hasta el domingo, está marcada por la presencia de galerías y artistas peruanos, participantes en el programa Perú en Arco: algunos stands optan por presentar un único artista (solo projects), otros han incluido dos (diálogos), pero todos expresan un claro espíritu crítico hacia la realidad sociopolítica de hoy.

Aunque la primera aproximación de Arco a Sudamérica se produjo en 1997 con un programa que acogió a 34 galerías procedentes de 11 países latinoamericanos, la llegada de Carlos Urroz como director de la feria fue determinante en este sentido, pues volcó todos sus esfuerzos en abrir Arco a artistas, galeristas y coleccionistas latinoamericanos, buscando generar una alianza transatlántica sólida.

Latinoamérica sigue siendo el lugar al que mirar, y por ello este año el país invitado es Perú. Acostumbrados a un despliegue triunfal del país invitado, Perú será recordado por su humilde pero contundente comparecencia: el país no posee una red comercial de galerías ni numerosa ni sólida, por lo que la comisaria Sharon Lerner ha apostado por la presencia de los principales artistas peruanos, quienes han desarrollado sus carreras en distintas partes del mundo, y por tanto, son representados por galerías de distintos países.

Curiosamente, subyace en la mayoría una tendencia crítica con los problemas geográficos, sociales y políticos del Perú, así como con la realidad identitaria indígena, asunto que los conecta no solo con el arte precolombino y las labores ancestrales de su pueblo, sino también con los teóricos y artistas peruanos de la primera mitad del siglo XX, los "padres" y "madres" de la cuestión indigenista. Las dos pinturas que la artista Sandra Gamarra presenta en la galería Juana de Aizpuru nos trasladan al nacimiento del pueblo criollo latinoamericano, un proceso complejo en el que confluyeron individuos de culturas "inferiores" y "superiores", etiquetas sociales que, por desgracia, todavía hoy se usan en el país.

Motivos de vanguardia en la instalación del peruano Miguel Aguirre tejida con lana. Motivos de vanguardia en la instalación del peruano Miguel Aguirre tejida con lana.

Motivos de vanguardia en la instalación del peruano Miguel Aguirre tejida con lana. / José Ramón Ladra

Miguel Aguirre, por su parte, trae a la feria una instalación formada por cuatro tejidos artesanales de lana de oveja (Del Paseo, Lima) cuyos diseños están inspirados en la vanguardia europea de los años 20 y en las que inserta frases prototípicas del pensamiento neoliberal actual. En la galería neoyorquina Alexander and Bonin, Fernando Bryce también explora los vínculos artísticos que existieron entre Latinoamerica y Europa a principios del siglo XX, llevando a cabo una instalación en la que convergen fragmentos de textos, sumarios y portadas de revistas sudamericanas que plasmaban los principios de la modernidad artística europea. Otros nombres a tener en cuenta son Teresa Burga, Juan Enrique Bedoya o Rita Ponce de León. Sin duda, la riqueza de estos creadores reside en su capacidad de aunar pasado y futuro, de conectar el ayer artístico de Perú representado por la omnipresencia del indigenismo con los nuevos lenguajes artísticos y problemáticas sociales.

Pero la presencia de una crítica a la realidad sociopolítica no ha sido exclusiva de los autores peruanos. En la galería Helga de Alvear encontramos, por ejemplo, el vídeo y la instalación del alemán Julian Rosenfeld, quien aborda el tema del crecimiento de las políticas populistas en todo el mundo y reivindica el poder de la palabra democrática bordando mensajes de la constitución italiana en una serie de telas decorativas para caballos. Nuestras esperanzas residen en estas palabras que son la vanguardia de la acción.

Carlos Urroz, director de la feria desde el año 2011, convivirá en la presente edición como codirector junto a Maribel López, quien se hará cargo de Arco en solitario a partir del año que viene. López partirá de las propuestas de Urroz para empezar a trabajar con cautela sobre nuevas cuestiones, por lo que la transición que se adivina es casi imperceptible. Además de dar continuidad al proyecto de Urroz, la futura directora de la feria parece apostar con decisión por un formato de diálogo o solo project, limitando así el número de artistas por espacio y permitiendo a los visitantes profundizar más en las propuestas de cada estand.

Algunas galerías han empezado ya a incorporarse a esta tendencia, por ejemplo, la madrileña Sabrina Amrani que presenta un solo project del artista pakistaní Waqas Khan, un proyecto monocromo con sutiles intervenciones que requiere espacio y tiempo para ser percibido, una invitación al respiro y el disfrute dentro del frenético ritmo de la feria.

Pinturas de Guillermo Pérez Villalta en la galería Fernández Braso. Pinturas de Guillermo Pérez Villalta en la galería Fernández Braso.

Pinturas de Guillermo Pérez Villalta en la galería Fernández Braso.

Por su parte, la veterana Fernández-Braso exhibe un interesante diálogo entre dos figuras consolidadas del arte contemporáneo: Mompó y Pérez Villalta. La abstracción del primero y la figuración del segundo confluyen en una atmósfera aérea, tremendamente vaporosa y contemplativa. Existe, qué duda cabe, una preocupación por el público, pues la tendencia apunta a la síntesis y la reflexión madura del trabajo de los artistas presentados, como si la feria empezara a tomar conciencia de que su función va más allá de lo puramente comercial, adquiriendo un compromiso con el gran porcentaje de visitantes que acuden para conocer los derroteros del arte contemporáneo y no sólo para comprar.

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