Blanca Portillo se entrega al "debate con la libertad" de Segismundo
'La vida es sueño' de la Compañía Nacional de Teatro Clásico agota las entradas en el Lope
La expectación por el primer montaje con Helena Pimenta al frente de la Compañía Nacional de Teatro Clásico; la solvencia de Blanca Portillo haciéndose cargo de un nuevo desafío en su carrera -el de dar vida a Segismundo, uno de esos personajes complejos e inagotables que encierran un abismo dentro de ellos- acompañada además por un reparto entregado a la causa, o el reclamo siempre efectivo de la obra en sí, La vida es sueño, de Calderón de la Barca, revisitada por el dramaturgo Juan Mayorga, parecían bazas infalibles para agotar el papel en su visita al Lope. Así ha sido: el montaje, que se representa desde ayer hasta el domingo, ha vendido las entradas para todas las funciones.
Pimenta, que expresó su "orgullo" por seguir "la huella y la herencia tan maravillosa de Marsillach", que fundó la Compañía Nacional de Teatro Clásico, y por el hecho de que la institución "haya conseguido durante 27 años mantenerse al margen de los avatares políticos", definió ayer esta adaptación como "un trabajo muy orgánico y riguroso" que respondía, en su opinión, "a la suma de nuestras visiones. Es fundamental que al abordar un texto como éste se vuelquen la vida, la sinceridad y la experiencia humana de cada uno de los que integran el equipo". Acompañada de Portillo y otros intérpretes del elenco -Marta Poveda, que encarna a Rosaura; Fernando Sansegundo, encargado de interpretar a Clotaldo, y Joaquín Notario, que asume el rol de Basilio-, la creadora de Ur Teatro alabó la relectura de Mayorga -"todo el mundo sabe con qué respeto se aferra a los clásicos, no tiene ningún afán de ponerse por encima de ellos", manifestó- y resaltó que Portillo, a pesar de su "experiencia artística consolidada", siempre se había mostrado dispuesta a "caminar en equipo".
"No sé trabajar de otro modo: no hay que ser muy inteligente para saber que el teatro es el resultado de un grupo, es una gran ceremonia pagana donde están todos los oficiantes", opinaba la actriz, que el pasado año acudió al Lope en su faceta de directora con La avería. "Se ha dado aquí una comunión que nunca se produce, se han juntado los hados. Ninguno de nosotros somos ahora iguales que como éramos cuando empezamos a hacer la obra", señala. La ganadora del Premio Nacional de Teatro, que ya demostró su genio con su transformación en Hamlet, vuelve a prestar su físico a las vicisitudes de un hombre. "Pero el género de Segismundo no es importante. Es alguien que vive encerrado, y el rol te lo da la sociedad. Su sexo no le define: lo primero que hace es enamorarse de un ser de luz, que viene además disfrazado de hombre. No es la sexualidad lo que le marca, sino su debate con la libertad, con sus dolores", sostiene una actriz que ve en otro personaje de Calderón que interpretó, la Semíramis de La hija del aire, el "reverso oscuro de Segismundo. Éste tiene la posibilidad de destruir o construir, pero opta por el lado luminoso. Digamos que sería como Luke Skywalker", bromea.
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