REAL ORQUESTA SINFÓNICA DE SEVILLA | CRÍTICA

Brahms, libre pero feliz

Marc Soustrot ante Brahms.

Marc Soustrot ante Brahms. / Guillermo Mendo

¿Brahms el progresivo, como decía Schoenberg, o Brahms el clásico? ¿Hacía dónde mira la música del genio de Hamburgo, hacia la tradición o hacia el porvenir? ¿Abren sus partituras caminos o cierran con brillantez una etapa histórica?

Son los dilemas que desde siempre han pesado sobre la obra de Brahms y sobre los que Soustrot parece haber recapacitado a la hora de plantear su manera de concebir las dos últimas sinfonías. Y, tras la escucha de este espléndido concierto, da la impresión de que el maestro francés no ha querido tomar partido.

Para la tercera sinfonía optó por una aproximación complaciente, de suaves acentos desde la primera frase del Allegro con brio a la que le pudo faltar precisamente eso, brío e intensidad. El segundo motivo emergió con lentitud y en el desarrollo hubo momentos de caída de tensión. Pero en el resto de la obra el fraseo cuidado al máximo nos mostró la riqueza de temas y contratemas y, con la colaboración de una Sinfónica como en sus mejores momentos, se recreó en el precisosimo sonoro. La cuarta, en cambio, nos mostró al Brahms intenso y a un Soustrot que supo aquilatar las progresiones dinámicas y el fraseo poético. Para culminar con una soberbia passacaglia modelada con todo lujo de detalles.

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