Cassandra Wilson, más cerca
Mañana llega al Maestranza una de las voces más reconocibles del jazz de nuestros días, figura emblemática del colectivo M-Base y la fusión en los años 80 y 90, exploradora de todo tipo de géneros y registros
Cassandra Wilson (Jackson, Mississippi, 1955) llega mañana al Teatro de la Maestranza. La nómina de músicos que la acompañan sugiere un repertorio centrado en su penúltimo disco, Loverly (Blue Note, 2008), basado en estándares de jazz norteamericanos, como aquel Lover Come Back To Me, que inexcusablemente remite a Billie Holiday, o el Caravan de Juan Tizol, pero sin dejar de lado, como no podía ser menos, géneros tan queridos para la Wilson como son la bossa (un vistazo al Black Orpheus de Luis Bonfa y Antonio Carlos Jobim), el blues (el arrebatador Dust My Broom de Elmore James) o el pop (ahí está su arreglo para el clásico de los Beatles Till There Was You).
La banda con que nos visitará mañana está integrada por Marvin Sewell (guitarras), Jonathan Batiste (que viene a sustituir al partner Jason Moran al piano y los teclados), Reginald Veal (contrabajo), Herlin Riley (batería) y el nigeriano Lekan Babalola (percusión). Aunque el concierto tambien podría girar en torno al que es el último disco de Wilson hasta la fecha: el recopilatorio Closer To You: The Pop Side, con el que Blue Note celebra a una de sus cantantes más emblemáticas. Este su décimo álbum para la discográfica neoyorquina (que este año ha celebrado, por otra parte, su 70 aniversario), recoge algunas de las versiones de clásicos del pop y el folk que Wilson ha ido desgranando en los 15 años que lleva grabando para Blue Note: desde Lay Lady Lay de Dylan, Tupelo Honey de Van Morrison o Last Train To Clarksville de los Monkees, hasta el Time After Time de Cyndi Lauper o Love Is Blindness de U2.
Y es que la cantante, aunque vivió el jazz desde la cuna (su padre es contrabajista), siempre se ha sentido atraída por estilos diversos, a los que se ha acercado sin prejuicios. Dio sus primeros pasos en el escenario con una guitarra acústica, interpretando temas de folk. Más tarde se volcaría en el jazz, pero sin despreciar nunca otros registros. Tras una breve estancia en Nueva Orleans, se trasladó a Nueva York, donde colaboraría con grandes como Dave Holland y conectaría con el colectivo M-Base y el grupo de Five Elements del saxo alto Steve Coleman, con quien ha girado y grabado extensamente. En el año 93 ficha para Blue Note y graba el primero (Blue Light Til' Down) de una serie de álbumes, casi uno por año, en los que, con lógicas variaciones, se repite un cierto patrón: estándares de jazz, más alguna incursión en el blues y el pop. El resultado es una fusión de fina y esmerada elaboración, que a veces tiende a lo almibarado pero a la que Wilson y sus productores (entre los que se han contado T-Bone Burnett o Bruce Lundvall, entre otros) han sabido conferirle una estimable coherencia.
Cassandra Wilson es una cantante de jazz comercial que se crece en directo, como casi todas las buenas cantantes de jazz de los últimos 30 años, por otro lado, acaso porque en escena casi siempre logran -o están obligadas a- escapar del todo de ese cierto manierismo que empaña, con propósitos comerciales y algo de mal gusto quizá, casi todas las producciones de jazz vocal (tan a menudo convertidas en meros productitos). Digamos que la sangre y el blues suelen prevalecer frente a lo etéreo cuando hay calor en la sala de conciertos y eso beneficia especialmente a los cantantes. Como Peyroux, Norah Jones o Diana Krall (a las que, dicho sea de paso, precede), ha sabido incardinar el jazz vocal en nuestros días, acudiendo a menudo al pop y al folk. Pero es que a lo mejor tenía razón Thelonious Monk cuando le respondía a un jovencísimo Dylan (que se le presentaba modestamente: "soy Bob Dylan, tan sólo un músico de folk"): "Todos somos músicos de folk".
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