Crítica de cine (SEFF 2017)

Costuras de la pedagogía

La actriz Marina Föis en una imagen de la película de Laurent Cantet. La actriz Marina Föis en una imagen de la película de Laurent Cantet.

La actriz Marina Föis en una imagen de la película de Laurent Cantet.

La programación ha querido que veamos consecutivamente dos películas francesas que enfrentan a una profesora y sus alumnos. En la estupenda Mrs. Hyde, Serge Bozon adopta la distancia de la farsa y la deriva fantástica para sobrevolar el lycée de la banlieu multicultural a través de la comedia de aires lewisianos. Por el contrario, en la mucho más grave y seria El taller de escritura, Laurent Cantet (Recursos humanos, La clase) opta por su ya conocido y premiado estilo realista y una evidente voluntad pedagógica a la hora de confrontar a los miembros de un grupo de estudiantes de un taller de escritura impartido por una novelista local en La Ciotat, una ciudad costera sobre la que sobrevuela el eco de la crisis y el peso de su historia de lucha obrera.

Cantet despliega en su puesta en escena multicámaras para capturar y suturar el aire improvisado y naturalista de los diálogos y los gestos (entrenados) de unos adolescentes entre los que aflora el trasunto de esa juventud francesa atenazada por las diferencias raciales y culturales y el crecimiento del recelo y la intolerancia en un modelo social en crisis que, como la película se encarga bien de subrayar, ha propiciado el auge de movimientos extremistas, populistas y xenófobos.

Todo en ese primer tramo desprende el conocido aroma de la corrección y la pedagogía, también cuando se trata de identificar en voz alta fronteras y licencias entre la ficción y la realidad a la hora de acometer el proyecto colectivo de escribir una novela negra que el taller tiene entre manos.

La cosa se pone algo más interesante cuando el foco se desvía y se concentra ya en el duelo dialéctico, moral y físico entre la voluntariosa y bienintencionada profesora y uno de sus alumnos más problemáticos, un chico desorientado que coquetea con las ideas más radicales y que parece estar dispuesto a ponerlas en práctica. Es ahí cuando caen o se atenúan los sermones y lo explicativo para dar paso a un leve misterio personal, a la incertidumbre de lo imprevisible, a esa realidad opaca que no es ya tan fácil de contar y sintetizar.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios