Crítica 'Juntos y revueltos'

Desmemorias de África

Juntos y revueltos. Comedia familiar, EEUU, 2014, 115 min. Dirección: Frank Coraci. Intérpretes: Adam Sandler, Drew Barrymore, Wendi McLendon-Covey, Terry Crews, Bella Thorne, Joel McHale.

Adam Sandler se empeña en enterrarse una y otra vez cada verano después de que, en un par de ocasiones, en aquellas estupendas Embriagado de amor, de P.T. Anderson, y Hazme reír, de Judd Apatow, asomara la cabeza para demostrar que detrás del caricato cómico con el que había hecho carrera de éxito, había también un intérprete capaz de modular una cierta vis dramática.

Con esta Juntos y revueltos insiste una vez más en el género familiar estival acompañado por la que ha sido su pareja de ficción más fiel desde los días de El chico ideal, una Drew Barrymore que le da la réplica gamberrilla como madre separada en una comedia que nos devuelve a la caverna de los buenos sentimientos con alguna que otra salida de tono autorizada en el clásico límite de la payasada y el mal gusto.

Recluidos en un lujoso resort africano de cartón piedra para familias en busca de segundas oportunidades, nuestros protagonistas y su prole deambulan por la cuerda floja del ridículo dilatando el happy end entre estampas de parque de atracciones, coros hakuna matata y una banda de monos amaestrados capaces de amenizar una velada romántica interpretando el inefable Careless whisper de Wham, tal vez el único gag salvable de una película que parece vivir en su propia cápsula del tiempo y nadar en las aguas de una ingenuidad que ya no es de este mundo.

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