Cultura

Diario de la grávida luna

  • Soledad Sevilla recurre a la luna, como lugar metafórico y simbólico pero también real, para reflexionar sobre el concepto de duración vinculado al registro de la memoria

El tiempo, el instante y la memoria han ocupado frecuentemente las instalaciones de Soledad Sevilla. La intensidad y los lugares son otros temas recurrentes en sus obras. A veces aparecen juntos como en aquélla titulada Leche y sangre, una de sus primeras instalaciones, de 1986, en la Galería Montenegro de Madrid. El origen fue la sensación de un día del recién iniciado verano en la plaza de San Lorenzo de Sevilla. La artista se encontraba trabajando junto a Gerardo Delgado en el estudio que éste tenía en la calle Pascual de Gayangos y, para descansar un rato, se acercó hasta la cercana plaza para sentarse en uno de los bancos. El silencio de la plaza desierta, el tiempo detenido de la tarde, las sombras enmarañadas de los árboles recortadas por la intensa luz, la cercanía de la capilla del Gran Poder ornada de flores se grabaron en su memoria y la sensación de ese momento fue recreada en la instalación que consistió en forrar de claveles rojos las paredes de la galería sin que se repusieran durante el tiempo de la exposición, por lo que, al irse marchitando, aparecía el blanco de las paredes. El instante y la duración conformando el momento de la sensación verdadera al que Peter Handke le dedicara por lo menos una novela.

No es la recreación de instante lo que nos ofrece la nueva entrega de la serie Procesos en la Fundación Aparejadores, sino los materiales para entender cómo se puede visualizar la duración vinculada al registro de la memoria. Para ello, la luna es el lugar metafórico y simbólico, pero también real por la incidencia de su ciclo en otros como las cosechas o las mareas. La relación de la luna con el ciclo femenino, ambos de igual duración, es asimismo intensa, y de esta relación parte la obra de Soledad Sevilla. En un concierto, el músico de jazz Ornette Coleman le dijo al público que la existencia no es sólo un día y noche, es un para siempre dentro de uno. Esta interiorización del devenir, de la duración y las posibilidades de poder registrarla es lo que interesa en la presente obra a Soledad Sevilla. Interés que aumenta al vincular el registro a su actividad artística y su condición de mujer al mismo tiempo.

La luna es el objeto del registro de la duración porque, en su sucesión de fases, es caducidad desmentida, memoria renovada. Además, su geometría precisa e incierta pero previsible cada noche favorece la práctica de la artista que, desde los tempranos días del uso del ordenador en el Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid en los primeros años 70, ha recurrido a la geometría en numerosas ocasiones para introducir en sus obras patrones rítmicos que favorecen, como ocurre con la música de Coleman, la duración interiorizada de la sensación.

En la exposición se muestran fotografías de la luna en diferentes lugares y distintas fases de la misma que pueden tomarse como trabajo de campo pero que apenas tienen incidencia en el desarrollo posterior de la obra, al menos en la parte formal, porque esta se construye básicamente sobre la geometría del círculo. Así un círculo negro y otro blanco se funden para formar las diferentes fases de la luna en su ciclo de 28 días. Sólo una delgada aureola azul otorga singularidad a las lunas pintadas en distintos formatos. Este registro pintado en papel se repiten en distintos formatos, la mayoría pensado para ser expuesto, pero también hay dibujos más íntimos como de diario de lunas en los que se ha agujereado la parte blanca para darle más luz a la parte visible. Este calendario personal de lunas vividas se expone en cajas de luz pero se han ocultado las anotaciones, que si se reproducen en el catálogo. Todas las observaciones realizadas y las obras pintadas por la artista tienen culminación en las dos versiones del vídeo de las 366 lunas de 2008, donde los instantes se convierten en duración y la duración en memoria.

Si acaso lamentar que en impecable desarrollo y realización de la idea no se haya presentado este vídeo como instalación mediante la proyección sobre una superficie adecuada. Probablemente las características de la sala no lo hacían aconsejable. El montaje adecuado del resto de los materiales, con los papeles grandes cubriendo buena parte de la sala -como queriendo indicar que aunque pueden funcionar independientemente son también instalación-, remedian esta deficiencia.

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