Crítica de Música

Distantes, diferentes

Tomando las palabras del Poema Sucio del brasileño Ferreira Gullar que sirve de base a la composición del Aurelio-Edler-Copes que tuvo su estreno mundial el pasado sábado en el Teatro Central, la distancia y la diferencia parecen ser las columnas sobre las que se vertebran las obras que formaron el intenso y radical programa de Taller Sonoro. Las dos obras de Jodlowski que abrían el concierto jugaban a marcar las distancias respecto al ritmo, a romper sus límites, a jugar con los contratiempos, mientras que la electroacústica teje un colchón sonoro sobre el que los instrumentos van encontrándose y desencontrándose. En la segunda de las obras mencionadas entraba en juego también la dimensión visual de unas proyecciones que desdoblaban el sonido y la imagen de los instrumentos.

En el caso de Contra los muros de Aurelio Edler-Copes, la implosión sonora se produce desde dentro del propio ritmo, claramente marcado por uno de los intérpretes. La puesta en escena a base de cajas vacías, en el escenario y suspendidas sobre los músicos, nos lleva a pensar en el concepto de contenedores sin contenidos, la idea lakaniana de que el significante es la fuerza primaria que condiciona el contenido. Con estructura alternativa, con momentos de momentos reflexivos varias veces reiterados intercalados con explosiones sonoras, el tejido acústico jugaba a confundir el sonido de los instrumentos con sus alteraciones electrónicas, creando una atmósfera de indefinición tímbrica que el Taller Sonoro supo traducir a la perfección y subrayarlo con eficaces juegos de luminotecnia.

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