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Nueva generación de barrocos

Ensemble l'inégalité & Ensemble La Marianne | Crítica

Los conjuntos L'inegalité y La Marianne, juntos en el Espacio Turina. / Luis Ollero

La ficha

Ensemble l’inégalité & Ensemble La Marianne

** Sevilla HIPEnsembles (PreFemás). Ensemble l’inegalité: Roi Fernandes, violín; Víctor Perea, órgano. Ensemble La Marianne: Marino González, viola da gamba; Marta Pindór, clave.

Programa: ‘Juntos’

[Ensemble L’inégalité]

Francesco Rognoni (?-d.1626): Passeggiato: Vestiva i colli (original de Palestrina) [Selva di varii pasaggi, 1620]

Dario Castello (fl. primera mitad siglo XVII): Sonata Prima [1620s] / Sonata Seconda [1620s]

Arcangelo Corelli (1653-1713): Sonata para violín y continuo en do mayor op.5 nº3 [1700]

[Ensemble La Marianne]

Johann Sebastian Bach (1685-1750): Sonata para viola da gamba y clave nº1 en sol mayor BWV 1027 [1730-40s]

Marin Marais (1656-1728): Suite para viola da gamba y continuo nº5 en sol menor [Pièces de Viole, livre V, 1725]

[Ensemble L’inégalité + Ensemble La Marianne]

Dietrich Buxtehude (1637-1707): Sonata para violín, viola da gamba y clave en la menor op.1 nº3 BuxWV 254 [1694]

Lugar: Espacio Turina. Fecha: Martes 28 de febrero. Aforo: Tres cuartos de entrada.

El segundo concierto del Prefemás ofreció la actuación de un par de dúos formados por dos jóvenes instrumentistas sevillanos de cuerda, en torno a los 20 años, acompañados en cada caso por un teclista.

Primero el violinista Roi Fernandes afrontó el repertorio del Barroco italiano temprano con sonido limpio, fácil, sin vibrato, aunque algo tímido en la ornamentación, que es el fundamento de una música con un importante componente improvisatorio. Le acompañó con gran levedad al órgano Víctor Perea, que asumiría mayor peso en una Sonata de Corelli bien articulada y acentuada, pero demasiado pegada a la letra, poco flexible en el manejo del tiempo, lo que coartó el vuelo lírico que pide esta música.

Después el violagambista Marino González tocó, de menos a más, una Sonata de Bach que empezó tambaleante y se fue afirmando sobre todo a partir del Andante. Aunque aquí la cosa cambia, pues la obra no es otra cosa que un trío en la que el clave hace dos de las voces, y Marta Pindór estuvo realmente espléndida: por fraseo y articulación fue siempre por delante de su compañero, como marcándole el camino. La viola se hace verdaderamente protagonista en la música de Marais, en la que el joven sevillano alternó momentos de cierta frialdad (un Prélude desangelado, un Tombeau inexpresivo) con otros de garra y contrastes más intensos (La Marianne, La Georgienne). Juntos, los cuatro ofrecieron con corrección una Sonata de Buxtehude de un stylus phantasticus más intuido que sentido.

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