La aldaba
Carlos Navarro Antolín
¡Moción de censura en Los Remedios!
El flamenco se mostró como un arte que implica reflexión, una forma de alcanzar la espiritualidad, de llegar hasta lo más profundo del ser, en la Misa Flamenca que el guitarrista cordobés Paco Peña ofreció ayer en la Mezquita-Catedral ante unas 2.000 personas que ocuparon las sillas dispuestas por la organización. Un escenario de lujo para una joya musical con la que el artista regresó al Festival de la Guitarra, una cita que él mismo ideó a comienzos de los años 80.
Más de 20 años han pasado desde que Paco Peña estrenara esta composición, un trabajo que ha sido aclamado en España, Reino Unido -donde él reside-, Australia, Nueva Zelanda, Polonia, Alemania, Holanda, Bélgica y EEUU. Pero aún no había visitado Córdoba.
Le esperaba la magna Mezquita-Catedral, un caluroso día de julio, cientos de personas expectantes por apreciar su obra y una fecha especial: la inauguración de la 30ª edición del Festival de la Guitarra. El templo no se libró del perenne bochorno que en estos días vive la ciudad y prueba de ello fueron los numerosos abanicos que se balanceaban hacia un lado y hacia otro para aliviar un poco la temperatura. El calor corporal que desprendían los 2.000 asistentes hizo de las suyas. Y mientras la música, ajena a la temperatura, a los abanicos y a los cuchicheos, paseaba entre el bosque de columnas de mármol de la ampliación de Almanzor de la Mezquita.
Éxtasis colectivo, contemplación y admiración ante la maestría del hijo pródigo que regresa a su ciudad y a su festival. Aunque sea sólo para realizar una de las paradas de su periplo por el mundo, que lo ha visto desarrollarse y convertirse en uno de los guitarristas más importantes de la actualidad.
No es la primera vez que Paco Peña dispone de este espectacular escenario para ofrecer un concierto, ya que en 2005 estrenó Réquiem Flamenco -también enmarcado en el festival-. Esta vez regresó a la ciudad que lo vio nacer con una de las misas flamencas más representadas en todo el mundo, una obra que funde este arte con el rito de la misa cristiana, uniendo dos mundos tan similares -ambos procesan un gran respeto a la tradición-, pero a la vez tan distintos.
El Coro Ziryab abrió anoche el espectáculo con la interpretación del Ave María de Tomás Luis de Victoria para dejar paso al maestro Paco Peña y a sus acompañantes. El Pele, El Chaparro, Sara Denez y José Ángel Carmona (cantaores), Paco Arriaga y Rafael Montilla (guitarras) y Diego Álvarez El Negro (percusión) participaron en esta adaptación de los textos tradicionales de la liturgia cristiana, que se mezclaron con diferentes formas flamencas.
Cantos penitenciales como el Señor, ten piedad, el manifiesto de fe que supone el Credo o la oración que resume la doctrina cristiana, el Padrenuestro -en la que apareció el baile de mano del artista cordobés Ángel Muñoz-, cobraron ayer una interpretación diferente a través del flamenco, un arte que celebró por todo lo alto las 30 ediciones del Festival de la Guitarra. Así, el sueño que hace tres décadas un tocaor convirtió en realidad se ha ido engrandeciendo hasta hacer que el mundo mire con admiración esta cita con el instrumento de las seis cuerdas.
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