Festival de Cine de Sevilla

Christophe Honoré regresa a los años 90

  • El director de 'Les chansons d’amour' retrata el idilio entre dos personajes "con velocidades distintas" en 'Vivir deprisa, amar despacio' 

Christophe Honoré, en la presentación de su película. Christophe Honoré, en la presentación de su película.

Christophe Honoré, en la presentación de su película. / Víctor Rodríguez

Christophe Honoré (Les chansons d’amour, La belle personne) reparó un día con cierto estremecimiento en que no le quedaba mucho para cumplir los 50 -lo hará en un par de años- y contempló con temor que su juventud "desaparecía". De esa desazón surgió Vivir deprisa, amar despacio, la película que presentó este martes en el SEFF, una historia de amor ambientada a principios de los 90 entre "dos personajes que viven a velocidades distintas", Arthur (Vincent Lacoste), un joven de provincias que aún no se ha labrado su futuro, y Jacques (Pierre Deladonchamps), un escritor enfermo de sida que ya se despide (prematuramente) del mundo.

El filme, contó Honoré en un encuentro con los periodistas en Sevilla, nació también de su perplejidad ante las manifestaciones contra el matrimonio homosexual que tomaban las calles de Francia. "Los gays hemos vivido un período brutal, nos dimos cuenta de que nuestra figura resultaba incómoda. Aquello me hizo darme cuenta de que como director estaba cegado: nunca había pensado en la homosexualidad como un tema, en mi filmografía aparecía más bien como algo secundario a través de algunos personajes. Comprendí que mi generación había abandonado ese terreno, que no habíamos aportado imágenes para derribar los estereotipos con que nos retrataban", opina.

Entre esos clichés que combate Vivir deprisa, amar despacio está esa idea de que "un enfermo de sida no tiene sexualidad, no siente deseo. Saber que eras seropositivo era ciertamente una tragedia, pero no eliminaba tus ganas de vivir. Jacques es un homosexual que desea y que es deseado", comenta el realizador.

Honoré evita el dramatismo en su largometraje y elige ese encanto sereno que desprenden sus trabajos. "Prefiero la dulzura a la brutalidad, aunque tengo la sinceridad como obligación, y no quería filmar nada que no hubiese vivido", matiza. De hecho, el cineasta volcó en la historia recuerdos propios, especialmente al esbozar el personaje de Arthur. "Yo también era un joven de Rennes y tenía 20 años en los 90. Encontré el piso de estudiantes en el que vivía y, por fortuna, la inquilina que había ahora conocía mi cine y me dejó filmar en la que fue mi habitación", expone el autor, que toma como banda sonora "algunos de los vinilos que escuchaba entonces".

"Los gays hemos vivido en Francia un rechazo brutal. El homosexual es una figura incómoda”, lamenta el director

Vivir deprisa, amar despacio comparte el mismo trasfondo que 120 pulsaciones por minuto, la película de Robin Campillo que describía el activismo en la lucha contra el sida en el París de los 90. "Esa película me gusta muchísimo, pero mis personajes no son tan modélicos, no tienen conciencia política", manifiesta Honoré, que rememora lo "terrible" que era "iniciar tu vida amorosa en un momento en el que los medios, con razón, no paraban de decirte que el otro era un peligro". El director tenía claro que no quería "ninguna escena en la que Arthur dijera que tiene miedo, porque eso sería otro estereotipo. A mí las circunstancias no me llevaron a la abstinencia; era simplemente cuestión de ser precavido, estar centrado".

Honoré, que mostró su admiración por La ley del deseo, de Almodóvar, "una película que me marcó muchísimo", lamentó que Francia "ya no es un país adelantado, sólo hay que ver el auge de la extrema derecha" y envidia el clima social "apacible" con el que España reaccionó a la aprobación del matrimonio homosexual.

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