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Francisco Pajares da una vuelta en la primera de la miniferia

Javier López (Efe) / Madrid

02 de mayo 2008 - 05:00

Una vuelta al ruedo para Francisco Pajares fue el balance de la novillada celebrada en Las Ventas, festejo de escaso contenido con el que arrancó la miniferia de la Comunidad de Madrid. Uno de los rasgos principales que tuvo el festejo fue la excesiva permisividad a la hora de valorar las actuaciones de los tres espadas actuantes. Las ovaciones que recogieron los novilleros José Carlos Venegas y Abel Valls fueron premios excesivos, a tenor de lo que realmente ocurrió en el ruedo. La vuelta al ruedo que dio Francisco Pajares en el cuarto, el único toro que verdaderamente sirvió, fue también un reconocimiento excesivamente generoso, a pesar de que este joven espada realizó lo más importante de la tarde con la mano izquierda.

Pajares, después de un inicio por bajo y dos series por la derecha de cierta enjundia, gustó y se gustó en dos series al natural de especial sabor, con muletazos largos, profundos y ligados, que despertaron los olés mas rotundos de la tarde. Sin embargo, no supo aprovechar del todo la excelente condición de este novillo por el pitón izquierdo. Con el que abrió plaza, diseñó una faena planteada en la distancia corta y basada únicamente en la mano zurda. El temple fue la principal arma del novillero cacereño, que acabó robando algún natural suelto de buen corte, aunque la condición del astado, soso y muy parado, echó al traste toda posibilidad de lucimiento.

Venegas salió muy dispuesto en el recibo con su primero, novillo que manseó en los primeros tercios, pero que acabó derrochando genio en la muleta, y con el que el jiennense realizó un trasteo de altibajos. Dejó detalles sueltos pero sin poso y sin llegar a acoplarse del todo. Tampoco llegó a cogerle el aire al quinto, en una labor de medios pases y, al igual que su anterior faena, un punto acelerada.

Valls, se topó en primer lugar con un novillo que se acabó muy pronto, y ante la imposibilidad de plantear faena, el de Castellón intentó un proyecto de parón que tampoco funcionó. Lo mejor, la estocada de efecto fulminante con la que ejecutó la suerte suprema. Con el último, novillo noble aunque extremadamente soso, Valls consiguió hilvanar algún muletazo suelto de bello trazo, en un trasteo carente de emoción que no llegó a los tendidos.

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