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Il Giardino Armonico & Giovanni Sollima | Crítica

La fiesta siciliana de los milaneses

Sollima e Il Giardino Armonico

Sollima e Il Giardino Armonico / Antonio Iglesias (Espacio Turina)

Por alguna razón que se nos escapa el humor parece considerado ajeno a la música clásica, hasta el punto de que algunos la llaman música seria. Para desmentir tan absurdo cliché vino el jueves a Sevilla Il GiardinoArmonico, que se divirtió y nos divirtió, y mucho, y tocando muy bien.

La primera parte del concierto (démosla por extendida hasta el Telemann que comenzó la segunda) sirvió para que el mejor conjunto italiano de las últimas décadas pusiera las cosas en su sitio y nos recordara que ellos juegan en otra liga en esto de la música antigua. Antonini a la flauta de pico, Barneschi como concertino, el incombustible Bianchi como segundo violín (casi milagroso su empaste en los unísonos con Barneschi) y el resto de músicos demostraron tener un rango expresivo superior al del resto de orquestas barrocas, y que su legendaria paleta de timbres sigue siendo espectacular por más canas que ya luzcan. Como ellos, un histriónico Sollima mostró mucho más interés en el gesto musical, el detalle en el fraseo y la creación de ambientes sonoros expresivos que en el legato o en simular una afinación pulquérrima con el vibrato, como tantos chelistas.

Una divertidísima Música nocturna de Boccherini, excelentemente entendida y tocada, anunció las tendencias folkloristas de las propinas del cierre del concierto. Antes el Sollima compositor nos dejó ver las influencias balcánicas en su música, llena de escalas modales y compases de amalgama, pero también de recursos contemporáneos y armonías interesantes. También, deo gratias, ajena al serialismo y a sus inextinguibles derivados.

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