Gli Incogniti | Crítica

Vitalidad del barroco francés

La soprano Perrine Devillers en un momento del recital La soprano Perrine Devillers en un momento del recital

La soprano Perrine Devillers en un momento del recital / David Vico

Los prejuicios sobre la música barroca francesa, menos brillante sin duda que la italiana, hecha de unas sinuosidades que a menudo solían derivar en lánguido amaneramiento se han ido rompiendo gracias a conjuntos como Gli Incogniti, que hace del vigor, el color y el drama fundamento básico de su estilo.

Marcado por la personalidad de su directora, la vehemente Amandine Beyer, el grupo puede perder por momentos la transparencia, el orden, la compostura, e incluso los dos violines rozar la estridencia (como en el primer trío de Marais), pero esos puntuales desvaríos son compensados por una energía y una vitalidad que, combinadas con la flexibilidad agógica de la que es capaz la violinista francesa (admirable Sonata à la Maresienne) pueden resultar fascinadoras. El amplio y variado continuo juega un papel esencial dentro de estas maneras, por las posibilidades polícromas y la manera de juntarse y separarse en función del momento expresivo.

La energía y la vitalidad del conjunto pueden resultar fascinadoras

La joven Perrine Devillers, conocida ya en Sevilla por un recital con La Reverencia hace año y medio, tuvo que sustituir a última hora a Anna Magouët, pero conoce el repertorio y sus intervenciones resultaron encantadoras por calor expresivo y belleza del timbre. Muy clara la voz baritonal de Sebastián León, competente compañero de la soprano, mejor en la gran entrada de los españoles de El burgués gentilhombre que en los airs de cours a dúo de Lambert, acaso sin el ardor del resto del programa.

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