El Greco: poder y mente
El ICAS se suma a la conmemoración del IV centenario de El Greco con un montaje que relata el encuentro del pintor cretense en la Sevilla de 1600 con el inquisidor Niño de Guevara
¿Por qué vivimos aquí? Ese "aquí" es España y la frase la pronuncia el médico Cazalla interpretado por Javier Centeno en la función El Greco pinta al Gran Inquisidor que se puede ver estos días, de miércoles a domingo, y hasta el 9 de noviembre, en el Castillo de San Jorge de Triana. La frase es evocada en una conversación en la que el médico, luterano en secreto en pleno apogeo de la Inquisición española, debate con el pintor El Greco, afincado en Toledo, cuando es requerido por el cardenal de Sevilla e Inquisidor General, Fernando Niño de Guevara, a que visite la ciudad.
Es éste el principio de la obra que dirige Gregor Acuña y que supone la aportación de la ciudad de Sevilla al IV centenario de la muerte de El Greco que, desde comienzos de 2014, se festeja sobre todo en su ciudad de acogida, Toledo. El Ayuntamiento, a través del Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla, entró en conversaciones con Acuña en enero de este año para llevar a las tablas la novela del alemán Stefan Andres El Greco pinta al Gran Inquisidor que el director y actor había descubierto mientras se documentaba sobre la obra de Dostoievski para llevar a escena en 2011 su aplaudida propuesta El Gran Inquisidor.
Acuña descubrió que la obra del novelista alemán, a pesar de tratar un tema tan relacionado con España, no tenía traducción al español y acometió, gracias a su condición bilingüe, la traslación de esta visión teutona de un hecho real acontecido en la época del reinado de Felipe II.
La versión teatral ha estado a cargo del escritor uruguayo afincado en Sevilla Joaquín D'holdan. Entre los dos han conseguido recrear unos hechos significativos, por sus personajes, Niño de Guevara, El Greco y el médico Cazalla, en una época en la que la relación de la Iglesia con el poder había desarrollado una intransigencia enfermiza que llevó a muchas personas a la hoguera, a la tortura y al desahucio público.
Acuña, como director, ha creado una obra de cámara, una exquisita propuesta que cuenta con el inestimable trabajo de Javier Centeno en el papel del médico, un luterano comprometido férreamente con la Reforma. Hombre profundamente religioso, él es el eje oculto pero central de esta obra que lo enfrenta a un enemigo implacable que representa el poder absoluto otorgado por el rey y que ejerce el cardenal de Sevilla, Fernando Niño de Guevara, una figura negativa, cerrada, y que la novela de Stefan Andres plantea como la personificación del mal absoluto.
Niño de Guevara, históricamente, se enfrentó a las hermandades de la época encargando un informe sobre las cofradías penitentes, a las que llegó a acusar de falta de espiritualidad y de realizar comportamientos irreverentes e incompatibles con su carácter religioso.
Durante el tiempo que ejerció las funciones de Inquisidor General 240 herejes fueron quemados, además de 96 estatuas. Otros 1.628 ciudadanos fueron encontrados culpables y sometidos a penas menores.
El encargado de dar vida a este personaje siniestro, enfermo de disciplina, es Javier Castro, que consigue en esta obra una de sus mejores creaciones. Castro expresa con su cuerpo esa tensión de los hombres que parecen mantenerse exclusivamente a base de disciplina huyendo de los placeres de la carne. No en vano la obra, escrita en 1936, retrataría según la crítica el clima de miedo que se vivió en el Tercer Reich.
José Luis Fernández es El Greco. Un personaje extraño que participa de ambas posturas. Genio pictórico, se enfrenta al poder con sus creaciones declarando en ellas sus intenciones como crítico feroz de la realidad. Pintor incómodo, conoció al cardenal Niño de Guevara en Venecia cuando era alumno de Tiziano. Posteriormente la relación extramarital con Jerónima de las Cuevas, con la que tuvo un hijo, sería utilizada por la Inquisición para poner en aprietos al cretense, como se recoge en la pieza que se representa estos días en el Castillo de San Jorge de Triana.
Sin embargo, a pesar de esta relación, el pintor de las figuras alargadas se convirtió en la imagen de la Contrarreforma por su manierismo y su peculiar estilo. Su debilidad por el poder establecido y su absoluta dependencia de sus únicos contratistas (Monarquía e Iglesia) le hizo moverse entre dos aguas.
Toda esta apasionante historia se nos cuenta aderezada por otro de sus grandes aciertos: la estupenda música en directo de Aníbal Soriano (vihuela) y la voz, extraordinaria, del contratenor José Carrión, que entrelazados con la pieza teatral interpretan canciones del Renacimiento pleno y otras del tránsito al barroco. Mille regretz y otras bellas canciones escritasen latín, español, francés e italiano evocan, junto al fabuloso espacio del Castillo del Altozano, un insospechado viaje a la Sevilla que El Greco visitó.
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