Guillermo Roz propone una visión grotesca de la Argentina de los años 70

'Tendríamos que haber venido solos' abre lo que el autor llama "la trilogía del 'thriller' triste"

José Oliva (Efe) / Barcelona

26 de marzo 2012 - 05:00

El escritor argentino afincado en Madrid Guillermo Roz inicia una trilogía autobiográfica con la novela Tendríamos que haber venido solos, en la que destila una visión cáustica, grotesca y tragicómica de la Argentina de los años 70.

Tendríamos que haber venido solos (Alianza) parte de la visita que Norberto y su novia embarazada hacen con su suegra para ver su primera casa, situada en las afueras de la ciudad, donde, sin que lo sospechen, sus vidas cambiarán para siempre. En una entrevista con Efe, Roz explica que el origen de la novela es "una anécdota" familiar: el viaje iniciático que sus padres hicieron para conocer su primer piso, "ganado en un sorteo", y en el que estaban acompañados por su abuela, "que siempre decía algo más".

Comentarios de su abuela, como "tan lejos se van a ir a vivir", siempre moviéndose entre la simpatía y la grosería, motivaron una mutua mirada de sus padres y la frase que quedó grabada más tarde en el pequeño Guillermo: "Tendríamos que haber venido solos".

La escena, reconoce Roz, está copiada ahora en la novela, pero "lo demás es imaginado" y su imaginación, dice, "es muy perversa" y por eso esa pareja y la mujer que les acompaña viven situaciones que se convierten en una pesadilla.

En palabras del propio autor, "una tormenta salvaje les lleva a un accidente, ante el cual han de tomar cartas en el asunto y a veces las decisiones son nuevos accidentes, nuevas pesadillas".

Tendríamos que haber venido solos es el inicio de una trilogía que tiene en común unos espacios geográficos, la tensión de thriller y una estructura cinematográfica. Roz califica estas tres novelas, que ya tiene escritas, de "trilogía del thriller triste", protagonizada por unos personajes que "buscan la felicidad, pero en ese tránsito conocen todas las esquinas de la infelicidad".

El humor es fundamental en sus novelas, admite Roz, para quien "es el salvoconducto de toda tragedia" y determina que "quien aprende a ver el lado más surrealista de la vida, está tocado por una varita mágica". Piensa Roz que la novela es un homenaje a la memoria de sus padres, "más que a una memoria personal".

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